Dado que se me va a ocurrir opinar sobre el señor Pablo Iglesias o, mejor, sobre el tratamiento mediático al que ha sido sometido y a las consecuencias que esto ha tenido en un sector de la población, casi me veo en la obligación de realizar una especie de juramento, en el que se haga constar solemnemente que no pertenezco ni jamás he pertenecido a Podemos, Podemos Unidos, Unidas Podemos, Desunidos Estamos ni a cualquier otro anagrama del original o confluencia que  con él cohabite o haya cohabitado.

Yendo incluso más lejos, no comparto ni he compartido diferentes estrategias empleadas por el otrora líder de dicha formación, mucho menos, algunas de sus opiniones, que, según mi criterio, entran de de lleno en el terreno de la estulticia: “hay que naturalizar que en una democracia avanzada, cualquiera que tenga presencia pública o cualquiera que tenga responsabilidad en una empresa de comunicación o en la política, lógicamente están sometidos tanto a la crítica como al insulto en las redes”.

 

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Si se confunde el culo con las témporas y la crítica con el insulto, se institucionaliza la falta de educación y de respeto, abriéndose la veda al bochornoso espectáculo, protagonizado por una fauna malintencionada de tertulianos, que bordea la calumnia, cuando no se revuelca en ella, arrastrando al fango a quienes únicamente son capaces de leer las letras grandes de los titulares o de celebrar y aplaudir improperios audaces, elevados a la categoría de rigurosas y contrastadas informaciones.

Desde mi posición de no comulgar con el señor Iglesias en sus formas ni en la mayoría de sus fondos, debo decir, no obstante que el acoso y derribo mediático y furibundo, al que ha sido sometido él y su familia me produce una insuperable sensación de vergüenza ajena.

 

Pablo Iglesias se compra un chalé para vivir con Irene Montero y los mellizos

 

El hostigamiento que no cesa en vacaciones: tres meses de “constante acoso” a la familia de Pablo Iglesias e Irene Montero

 

Los ataques constantes, el desprecio con el que ha sido tratado y la animadversión sembrada hacia su persona alcanzarían a llenar miles y miles de folios, que darían para la realización de una serie de televisión de múltiples temporadas, compitiendo en duración, incluso, con Cuéntame cómo pasó.

Una precisa y milimétrica operación que se llevaba fraguando cierto tiempo se desató a partir de 2016, expandiendo el runrún constante de que Podemos era poco menos que una filial del gobierno venezolano, al que habían ayudado a sostenerse los líderes de la formación morada con su asesoramiento.

Los detractores del señor Iglesias le adjudicaron entonces un pingüe enriquecimiento, depositado “ad hoc” en la cuenta corriente de un banco, concretamente el Euro Pacific Bank, sito en un paraíso fiscal. 

 

Igualmente, se difundió a los cuatro vientos que el régimen iraní financiaba a Podemos. 

La Audiencia Nacional archiva otra denuncia sobre financiación ilegal de Podemos

Pisa: El falso informe que trató de tumbar a Podemos en pleno auge

Ni la productora era de Pablo Iglesias, ni cobró 9,3 millones

 

Por supuesto, la intervención de Venezuela e Irán en las finanzas de Podemos no ha sido probada por los medios que publicaron noticias al respecto ni en las denuncias cursadas. Aun así, determinados medios han seguido insistiendo, difundiendo aquellas informaciones de 2016 en pleno 2020, importándoles un pepino las resoluciones judiciales.

La monomanía de alguno de estos medios o, más concretamente, de algunos personajes pone al descubierto actuaciones enfermizas.

Eduardo Inda falta al respeto a los hijos prematuros de Montero e Iglesias

 

 

 

 

La insistencia machacona, centrada en la intoxicación informativa, indudablemente hace mella en quienes tienen ya de por sí perfil de acosador y  entienden que la libertad de expresión ampara cualquier cosa, por rastrera que sea, y justifica el acoso en la puerta de la vivienda de quien hasta hace poco era Vicepresidente del gobierno de España. De la misma manera equivocada, se reivindica el hecho de teñir de testosterona pintadas, que no hacen más que retratar a quien las ha realizado.

 

 

La virulencia de la campaña contra Iglesias no es comparable a cualquiera realizada en nuestro país con anterioridad.

Lo que fue conocido como “Sindicato del Crimen” o, si se prefiere, el germen de la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) en 1993 tuvo el objetivo de desalojar como fuera a Felipe González de la Presidencia del Gobierno de España. 

José Luis de Vilallonga publicó un artículo en La Vanguardia, en 1994, denunciando “una conspiración política, financiera y mediática de muy alto calado, consistente en una campaña de intoxicación informativa” 

 

El “Sindicato del Crimen” está todavía aquí

 

A lo mejor, ese artículo no va desencaminado,  y esa querencia destructiva sigue estando aquí.

En julio del 2020, en El español, Pedro J. Ramírez, que algo debe saber de todo aquello que se intentó montar en 1993, publicaba una carta del director, titulada “El tiro  por la coleta”.

El penúltimo párrafo de la carta hacía referencia, cómo no, a la vivienda del señor Iglesias y de la señora Montero y al caso Dina. En el último tildaba al vicepresidente de bochorno para la izquierda, sentenciando, por fin: “La esterilidad de su paso por el poder quedará en evidencia cuando se afronten los Presupuestos. Sólo se cruzan apuestas sobre cuánto tardaremos en oír el estampido del tiro por la coleta, en el interior del coche oficial”.

A quien le interese el texto completo: El tiro por la coleta

Naturalmente el señor Ramírez es muy libre de tener la opinión que quiera, de defender a quien le venga en gana y de atacar a quien le produzca repelús. ¡Faltaría más! También resulta significativa su libertad a la hora de acompañar sus palabras con esta ilustración.

 

 

 

En cualquier caso, a veces, afortunadamente, el llamamiento al todo vale y el persistente intento de linchamiento mediático y de destrucción personal encuentran la respuesta que merecen. 

 

Eduardo Inda y un redactor de su digital, investigados por acoso a los hijos de Pablo Iglesias e Irene Montero

 

Según mi opinión, el comportamiento de varios medios de comunicación ha sido un perfecto ejemplo de acoso y derribo, amplificado día a día desde sus correspondientes púlpitos, alimentado por un aluvión de opiniones, a las que se ha querido disfrazar de noticias, para generar un desprestigio a nivel nacional, que ha cristalizado en odio en un sector de la población.

A ciertos medios de comunicación, les ha parecido muy bien que los ciudadanos, “haciendo uso de su libertad de expresión”, se hayan manifestado de forma continua frente a las puertas de la vivienda de quien era vicepresidente del gobierno de la nación. 

 

 

 

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Algunos minimizan el acoso constante y los insultos, haciendo representación gráfica  de los mismos y restando importancia a los actos frente a lo que califican de “casoplón”. Incluso parece que vean mal la denuncia presentada por el señor Iglesias.

 

 

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Atentos al titular, que no tiene desperdicio:

 

Iglesias reconoce al juez que pide cárcel para un ciudadano porque le llama «garrapata y chepas»

 

Este diario parece decidido emprender una particular cruzada en defensa de este ejemplar ciudadano y de su aún más ejemplar conducta. 

 

El líder de las protestas frente al casoplón: «Iglesias me quiere meter 14 años en la cárcel pero no me intimida»

 

El objetivo de crear ruido es un fin en sí mismo. El fuego siempre acaba consumiendo los elementos que lo han producido. Para descubrir el origen concreto que lo ha provocado siempre es necesaria la correspondiente investigación de los expertos en incendios.

Las astillas arrojadas a él son numerosas. El todo vale ha calado en el corazón y en los testículos de los politiquillos.

 

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Es muy edificante comprobar el nivel de determinada gente que se dedica a la política. A la vista de cosas como estas, quizá sería necesario exigir un test psicotécnico previo, a todo aquel futuro candidato a formar parte de una lista electoral, por muy local que esta fuere.

Puede que no sean conscientes de la influencia que este tipo de opiniones desencadena entre la gente con la misma escasa formación del que profiere esta clase de manifestaciones.

Sirva como ejemplo este comentario a esta opinión, publicado 2 días después, a las 20, 47 h:

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El caldo de cultivo no ha parado ser mantenido a punto de ebullición en las marmitas que han sostenido este aquelarre, potenciando un grado de polarización político-social enorme con un nivel de inquina superlativo.

Parece que el deporte practicado en Twiter, del que confieso no conocer las reglas, favorece la crispación entre sus miembros y justifica las etiquetas de los pontífices de las redes sociales. Todo queda sometido al juicio final de miles de intransigentes anónimos o de un puñado de ilustres de lustre pasado, moradores todos de las catacumbas, donde se cultiva la ignorancia y la intolerancia, como si fuesen champiñones.

 

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Me da la sensación de que los medios de comunicación han convertido esta red social en una especie de tribuna bíblica exhibicionista, donde se reproducen de forma constante las opiniones de políticos, politiquillos y famosos de medio pelo o de pelo entero, para ensalzarlas o denigrarlas, según convenga a los intereses mediáticos en cuestión.

La suma de los factores que han quedado expuestos ha desembocado, según mi punto de vista, en el espeluznante desenlace de las amenazas de muerte, perpetradas contra miembros del gobierno de la nación y contra su exvicepresidente.

 

 

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La parafernalia mediática continúa, sin embargo. El interés por el desprestigio y el vilipendio personal es como el rayo que no cesa.

 

Mariló Montero, sobre la carta con balas a Pablo Iglesias: “Hay a quienes les viene bien recibir una amenaza”

 

La animadversión traspasa los límites del surrealismo y de la razón.

 

Iglesias explota el miedo por las amenazas con 26 escoltas y 214.263 € en subvenciones para seguridad

 

El lenguaje utilizado en este artículo recuerda al de épocas pasadas, que parecen acercarse de nuevo al galope. Algunos de los términos empleados producen más vergüenza que sonrojo. El claro intento de minimizar la gravedad de la acción y la afirmación de que el riesgo para la seguridad es casi nulo, basándose en el número de escoltas y el dinero invertido, es bochornoso y patético.

Estoy seguro de que el hecho de haberse quedado sin el payaso de las bofetadas no va a suponer que se afloje el ímpetu de los cruzados contra Pablo Iglesias. Han sido tantos los recursos empleados en el desprestigio que aún se rentabilizarán durante un buen tiempo. Su ausencia de la política activa no va a suponer un bálsamo para la formación que ha liderado durante años. Se le seguirá asociando con ella para arremeter y arrinconar a quien se haga cargo de la dirección en el futuro. Venezuela, Irán, cucarachas, garrapatas, casoplones y tiros por la coleta seguirán presidiendo el insulto nacional, manteniendo en alto la bandera del odio para ensombrecer el panorama.

Desearía que  la sensatez y la cultura se impusiesen, desterrando las manipulaciones que de la libertad de expresión trataran de hacer tirios y troyanos. Me gustaría que se la respetase tanto como a los propios individuos, declarándose ilegal la práctica del deporte del insulto o , al menos, restringiéndose por el propio sentido común . Me temo, sin embargo, que mi deseo no sea más que una utopía que, tal vez, la Justicia debiera proteger con más ahínco.

 

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De momento, los medios de comunicación, dando una auténtica lección de profesionalidad y de investigación periodística, han publicado entre fanfarrias la noticia de la década futura: La novia de Reverte se ha cortado el pelo.

¡Así se hace!

¡Esto es nivel y lo demás son cuentos.