Decíamos ayer que la RAE define Influenciar como: “Dicho de una persona o de una cosa: Ejercer predominio, o fuerza moral” o como: “Contribuir con más o menos eficacia al éxito de un negocio”.

Después de tanta palabreja alrededor, influencers, youtubers, youtuber gamers y otros términos inventados más, insisto en mi idea de llamarlos a todos influtubers, ahorrando así esfuerzo y espacio.

Siomara Colorado en su artículo “Tecnología de la información y la comunicación” se refiere a ellos como comunicadores visuales, definiéndolos como: “Individuos que utilizan la red social de vídeos más grande el mercado digital YouTube para postear cualquier tipo de contenido que pueda resultar entretenido, generando así un gran número de reproducciones”. “Usuarios que introducen y comparten vídeos llamativos en la red social YouTube con el objetivo de causar interés a la comunidad de seguidores de la que dispone y que ésta vaya en aumento”.

Pues vale.

 

Viendo la proliferación de ellos y las numerosas sectas que han desarrollado a su alrededor, nutridas por millones de de seguidores jóvenes, no me queda más remedio que aceptar que se avecinan malos tiempos para la ciencia, no solo para la escasa incorporación real de la mujer a ella, sino para la propia subsistencia de la disciplina, ya que, viendo los medios destinados a la misma y los ingresos de quienes la practican, lo normal es que la gran mayoría de los jóvenes sea más proclive a considerar como modelo de referencia  a cualquiera de estos o estas influtubers antes que a cualquier científico de prestigio. Es lo que tienen la pasta gansa y, sobre todo, la denostación de la cultura, que puso en práctica el último gobierno del Partido Popular y por la que navegan no solo los jóvenes, sino la sociedad en general.

El Informe Nacional RIO 2016, publicado por el Observatorio de Investigación e Innovación de la Comisión Europea reconoce que España ha reducido considerablemente su base investigadora en los últimos años, tanto en el sector público como en el privado. La cifra actual supone un retroceso en sus recursos humanos a los niveles del año 2007.

La tendencia comenzó durante el último año de mandato de Rodríguez Zapatero y continuó con los recortes en investigación con el gobierno de Mariano Rajoy.

 

A la vista de los datos, es imprescindible que la campaña de recogida de firmas para que el porcentaje del PIB, destinado a ciencia, aumente al 2%, llegue a buen puerto, ya que el 1,2% actual es casi la mitad de la media europea y cerca de tres veces inferior al de Alemania. No creo que estas cifras necesiten explicación alguna.

Veamos cómo está la cosa en ciencia y cuáles serían las retribuciones que recibiría el personal dedicado a investigación:

PIB total en España en 2020: 1.119.976 millones de €

Inversión en ciencia: 1,2%   —> 13.439.712.000 €

Nº de investigadores en España (2017): 215.713

Inversión per cápita (13.439.712.000 / 215.713) —> 62.404 €

Naturalmente, en esa cantidad está incluido sueldo y también los recursos materiales de todo tipo, precisados para el desarrollo de la actividad.

El salario promedio de un investigador/a en España es de 1.585 € por mes. (https://es.indeed.com/career/investigador/salaries). No se aclara si se trata de salario bruto o neto.

En cualquier caso: 1.585 X 14 pagas —-> 22.190 € anuales por investigador

Como es lógico deducir, todos aquellos investigadores que estén obligados a tributar lo harán religiosamente, puesto que la empresa les descontará la cantidad de sus nóminas, en el porcentaje que les corresponda.

Conclusiones que se pueden extraer sin estrujarse mucho el cerebro:

  • Para ser investigador se requiere un considerable número de años de estudios, capacitación, especialización y sacrificio

  • El beneficio social que producen los investigadores es altamente considerable

  • El sueldo medio de un investigador es absolutamente ridículo

  • Los investigadores satisfacen los impuestos que les corresponden

Resulta más que evidente que los niños y los jóvenes, en su gran mayoría, por desgracia, jamás considerarán un referente a nadie que forme parte de esa legión anónima, que se deja las pestañas para conseguir que se pueda vivir mejor, contribuyendo a un mejor desarrollo sanitario, tecnológico y, en resumen, social.

¿Hacia dónde mirarán los niños? Esta claro, ¿no?

Algún influtuber habrá en la viña del señor que merezca la pena, pero, por desgracia, la mayoría de los que más se hacen notar no la merecen en absoluto, especialmente, los que dedican vídeos ostentosos a enseñarnos lo que han conseguido, gracias a la pasta gansa obtenida por su dedicación al mundo de la comunicación, amparada por las grandes empresas, que dicen a través de ellos, cómo, dónde, cuándo  y lo que se debe pensar de forma obligatoria.

Hace más o menos un mes, uno de los influtubers más importantes del mundillo nacional, muy pagado de sí mismo, demonizó los impuestos que había satisfecho hasta el momento, anunció que no estaba dispuesto a seguir cumpliendo con sus obligaciones tributarias, proclamó que estaba siendo perseguido por el fisco y justificó injustificablemente su huida al paraíso fiscal andorrano por semejante causa.

El influtuber en cuestión, apellidado Doblas, única referencia publicitaria a su identidad que va a recibir aquí, estaba indignado por el trato recibido:  “Hacienda me ha tenido en el punto de mira desde el día uno. Siempre han estado intentando putearme, tío. Lo he hecho bien. Lo he hecho todo legal. Aun así, por ser el único tonto que se ha quedado en España me putean a mí, ¿sabes?”

¡Pobrecito! Seguro que llevaba todo el día a un inspector de Hacienda colgado de la chepa. Y eso debe de cansar mucho, la verdad. Al personaje, claro está, le gustaría tener una charla directa con algún responsable del fisco: “Me encantaría poder hablar con alguien y decirle: oye, ¿por qué no llegamos a un acuerdo?”. No sé a qué tipo de acuerdo se referirá, porque por lo visto no lo aclara en su vídeo. Lo que sí aclara en tono jocoso es que cada vez que pisemos una carretera pensemos que la han pagado un colega y él. Claro, muchacho, el resto de los españoles no paga ni un clavo.

El colmo de su mal gusto toca techo cuando en tono pretendida y presuntuosamente gracioso manifiesta: “Imagínate, que el Gobierno de España haga un hospital que se llame el Hospital (Su nombre y apellido). ¡Por los niños! Si hacen eso… no pasa nada, les perdono. Me quedo aquí”. No sé si podremos aguantar tanta magnanimidad. Será difícil.

 

He tratado de informarme sobre los estudios cursados por este personaje. La única referencia que he encontrado es un lacónico estudió Animación y modelado 3d, sin cita de la universidad en la que lo hizo ni si obtuvo la licenciatura o no se trataba de estudios universitarios. Me ha recordado la maravillosa presentación de un autor en un espectáculo de Les Luthiers: “Sobre el autor, dos palabras: Cursó estudios”.

Según la web Social Blade, especializada en medios sociales, pero centrada en YouTube, el influtuber en cuestión gana unos 4,3 millones de euros al año y tiene 38 millones de seguidores.

No es mi intención discutir lo que gana ni si es merecido. Lo que gana bien ganado está porque alguien se lo paga. Eso es indiscutible. Únicamente, a modo de reflexión, descontados los impuestos, sus ingresos son los equivalentes a los de media de más de 90 investigadores nacionales. Sin descontarlos, obviamente, la cifra se elevaría a180.

Si antes llegábamos a unas conclusiones, cuesta poco llegar a estas otras:

  • Para ser influtuber no son necesarios años de estudio, capacitación, especialización y sacrificio

  • El beneficio social que producen los influtubers es, cuanto menos, discutible

  • Los ingresos de muchos de estos influtubers son desorbitados

  • Muchos de lo influtubers quieren pagar sus impuestos en paraísos fiscales y no en los países en los que obtienen los ingresos

Puede que ahora este y otros influtubers se crean los reyes del mambo, chapoteando en su momentáneo éxito, creyéndose intocables e inalcanzables, pero más les valdría poner sus barbas a remojar en la aguas de esta frase latina.

La gloria será mucho más efímera cuanto más dependa de la moda impuesta por una multinacional, que no dudará en cambiarla a su antojo para satisfacer sus propios intereses. Influtubers hoy, mañana juguetes rotos.

Argumentaciones, como las esgrimidas por el huido a Andorra solo reflejan el individualismo y la insolidaridad de sus postulados y de quienes los apoyan, acercándose a una ideología peligrosa, carente de arraigo social y de inspiración totalitarista.

Me gustaría que el paraíso fiscal andorrano acogiese en su seno y nacionalizase no solo a los ricos fugados fiscales, forrados de pasta, sino a los millones de los seguidores que piensen de la misma forma. Así, a lo mejor, ese paraíso fiscal encontraría la horma de su zapato y acabaría consumiéndose en su propio jugo.

Es imposible hacer comprender a quien se cierra en banda y vocifera que el estado le roba porque le hace pagar impuestos. Es imposible hacer entender lo que supone el estado del bienestar, cuando solo interesa el de uno mismo. Por eso, voy a terminar con este vídeo, que se ha hecho viral. Lo único que lamento es que se le vea la cara al dichoso influtuber, pero lo doy por bien empleado.

 

 

Malos tiempos para la ciencia.