Ayer, día 11 de febrero, se celebraba el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia. Dos días antes la agencia de publicidad alicantina Gettingbetter presentaba su campaña #NoMoreMatildas, creada casi un mes atrás.

El objetivo de esa campaña es promover la visibilización del papel de la mujer en la investigación científica.

Esta campaña, ideada por Gettingbetter Creative Studio de Alicante ha contado con la colaboración de la agencia literaria y de comunicación Dos Passos y con Kamestudio y fue presentada en la oficina en Madrid del Parlamento Europeo.

Cabe destacar la intervención en el acto de Juan Morales, uno de los socios fundadores de la agencia, de la que destaco muy especialmente esta afirmación, que comparto plenamente: “Hay quien dice que la publicidad sirve para hacer que la gente quiera cosas. Nosotros siempre hemos pensado que no, que la publicidad sirve para hacer cosas que la gente quiera”.

La presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, que también participó en el acto, se alegró de “la increíble participación que ha desatado esta campaña, que a pesar de ser feminista, no ha provocado ni un solo mensaje de odio”.

Es cierto que la campaña ha sido mayoritariamente valorada de forma positiva y ampliamente aceptada en medios de comunicación, entidades, organismos y público en general, pero, aunque minoritarias, también ha habido opiniones, que si no son mensajes de odio sí se han escudado en la confrontación, enredándose en sofismas, probablemente malintencionados, para tergiversar el lenguaje y arrimar el ascua a la sardina de los intereses, destinados a la ampliación de suscriptores de un pequeño rinconcito de la nueva biblia universal.

Así lo ha hecho, por ejemplo uno de esos canales, regentado por alguien con un nick, quizá intencionadamente casposo, al que me niego a hacer publicidad directa. Supongo que ya se la harán los 37000 suscriptores con los que cuenta en la actualidad.

Lógicamente, la aspiración del emperador de dicho canal será, digo yo, la de multiplicar el número de súbditos, como si de panes y peces se tratasen, para gozar así de pingües dividendos dinerarios, obtenidos a través de un Patreon (sitio web de micromecenazgo para proyectos creativos(sic)) o del ingreso mondo y lirondo de donaciones en PayPal por parte de sus acólitos (aparte de las migajas que le proporcione la generosidad de la plataforma en la que está instalado su canal).

Como contrapartida, el prohombre preclaro de la comunicación imparte entre sus seguidores charlas de colega adoctrinador, filmadas por una cámara doméstica, permitiendo los comentarios en tiempo real de quienes están recibiendo la lección magistral de turno.

Mediante las lenguas de fuego, que se desprenden de la sabiduría del orador, son iluminados aquellos que moran en la oscuridad y ansían ser conducidos o reconducidos al paraíso de las ideas ajenas y persiguen formar parte de algo tangible o intangible.

Para aposentarse en su pedestal, esta suerte de predicador no ha precisado acreditar estudios. Tampoco ha requerido demostrar formación específica. Si dispone de ambas cosas o de alguna de las dos no he sido capaz hallar su rastro en la red. Claro que la única fuente que parece ocuparse del personaje es Wikipedia. Desde luego, allí, no aparece apartado alguno que mencione su formación o sus estudios.

Ya sé que habrá más de uno que apelará a la formación recibida en la universidad de la vida, aunque, dada la edad del personaje, mucho me temo que aún le falte bastante para obtener el doctorado. Pero, no importa, títulos no le faltan, como el que le adjudicó el diario El Mundo, en 2018: ” El verdugo del feminismo moderno”. Por cierto, en esas fechas el número de sus seguidores se cifraba en cien mil. Por el camino, se ha dejado dos tercios de ellos.

En cualquier caso, con semejante currículum a sus espaldas, como azote del feminismo, no podía dejar pasar la ocasión de meterle el dedo en el ojo a la campaña #NoMoreMatildas. Por eso, ha realizado una comparación de birlibirloque entre las frases : “El talento no tiene género” y “La violencia no tiene género”, mezclando ambas lanas en la misma madeja con tal de desacreditar el feminismo.

Quizá sería conveniente que ese parlanchín se diese un garbeo antes por el diccionario de la RAE para aclarar conceptos y hablar con mayor propiedad. No se tiene razón por el mero hecho de pontificar en televisión y, mucho menos, por hacerlo desde un canal a la sombra de los nuevos paradigmas.

El feminismo es definido en su primera acepción como: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. En su segunda: “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”.

El machismo queda definido en su primera acepción como: “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. En su segunda como: “Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón”.

El ataque al lenguaje empleado en la concepción y desarrollo de la campaña #NoMoreMatildas, por parte del recolector de suscriptores canalizados, entraría de lleno en el terreno de la boutade (Intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar).

La gente con algo dentro de la cabeza lo que quiere es la igualdad de oportunidades absoluta entre géneros, no dedicarse a plantar sofismas en jardines regados por opiniones personales que aparecen presentadas como grandilocuentes oráculos.

El auge de la comunicación y, sobre todo, la velocidad con la que la tecnología se ha desplomado sobre ella, ha hecho florecer una serie de conquistadores del mundo futuro, que andan preocupados en el diseño de una nueva escala moral y social de valores, en la que la superficialidad y la inmadurez sean las únicas monedas de cambio permitidas para alcanzar la gloria y la legitimación y justificación de conductas, aunque no sean las debidas ni apropiadas.

Este avance vertiginoso hacia la despersonalización ha provocado un enorme socavón en los principios de la sociedad por donde se ha despeñado la conciencia social colectiva y la solidaridad, permitiendo que en todos los altares se organicen rezos en favor del individualismo.

Han surgido especímenes conquistadores, que avasallan con su poder casi omnímodo, emanado de los medios de comunicación, a los que puede fagocitar en cualquier momento, gracias a los ríos de pasta gansa, que fluyen a su alrededor.

Como tal, el barbarismo no ha colonizado todavía el diccionario de la RAE, aunque es de suponer que no tardará en hacerlo. Por el momento, tenemos que conformarnos con la definición de influenciar y elegir la acepción que más nos cuadre o mejor nos parezca.

Esta: “Dicho de una persona o de una cosa: Ejercer predominio, o fuerza moral” o esta otra: “Contribuir con más o menos eficacia al éxito de un negocio”.

Ramas del mismo árbol, tampoco incluidos en el diccionario, aparecen los youtubers, y los youtuber gamers o quizá deberíamos acuñar un nuevo término que los englobase a todos. Yo propongo influtubers.

De todos ellos y del panorama científico español, hablaré con vuestro permiso en una próxima entrega.

Para acabar esta, os dejo el video promocional de la campaña #NoMoreMatildas.

 

 

CONTINUARÁ . . .