LA ACTUALIDAD CORONAVÍRICA ME IMPIDE CONTINUAR, DE MOMENTO, IMPRESCINDIBLES, APLAZANDO EL COMIENZO DE LA SELECCIÓN DE WESTERNS, QUE PROMETO INICIAR EN BREVE, CUANDO APARQUE MI REALIZACIÓN DE ESTADÍSTICAS Y DIAGRAMAS.

 

Nuestro sistema sanitario

 

Tengo un buen amigo, que todavía sigue en activo como médico de Atención Primaria, aunque estaba a punto de jubilarse, antes de la llegada a Europa del misterioso virus chino, como lo llamaba Trump, cuando el miedo aún no había borrado de su pelo el color zanahoria.

A raíz de unos datos estadísticos, elaborados por mí, relativos al impacto del coronavirus en diferentes países europeos, mi amigo sacaba la amarga conclusión de que nuestros políticos se han llenado la boca, aireando sin justificación que nuestro sistema sanitario es el mejor del mundo, cuando según él solo es universal y barato, sobre todo, demasiado barato y, por tanto, carente de la calidad suficiente para hacer frente a la crisis que nos ha estallado en las narices.

 

 

Comentaba mi amigo que el sistema, al no haber sido dotado de los recursos suficientes por la mala gestión de sus encargados, ha demostrado su incapacidad para prever y ofrecer soluciones adecuadas al berenjenal, en que estamos metidos en estos momentos, dando por sentado que en los países de nuestro entorno sí lo han hecho, cuando esto último, desde mi punto de vista, no es cierto en absoluto.

En lo anterior, algo de razón sí lleva, aunque me parece que su pesimismo, provocado por el estrés de las últimas semanas, le hace ver el vaso medio lleno o cambiar el color, a la hora de contemplar sistemas sanitarios vecinos.

Yo he manifestado en varias ocasiones que nuestro sistema sanitario no es el mejor del mundo, nunca lo ha sido. Sí, en cambio, los profesionales del mismo, más cualificados y mejores que los de los países del entorno (por ejemplo, nuestros profesionales de enfermería, junto a los noruegos, son los considerados mejor formados de todos. Igual ocurre con algunas especialidades médicas).

Hecha esta aclaración, me gustaría poner en valor nuestro sistema sanitario, que, efectivamente, ha tenido que lidiar con la incompetencia casi secular de sus gestores y con la evidente lacra, provocada por raquíticos presupuestos, recortes e intentos de privatizaciones.

En términos de eficiencia, sin embargo, nuestro sistema sanitario ocupa el 9º lugar del mundo, según clasificación establecida por una entidad privada, que nada tiene que ver con prismas gubernamentales.

 

                                                                                                                        Fuente: Fundación Mapfre (Febrero 2019)

 

Como puede apreciarse, excepto Italia, no aparece ningún otro país de la Unión europea en el Top Ten.

Según el último Global Health Index (GHS) de 2019, España cuenta con el decimosegundo sistema sanitario más seguro y robusto del mundo para tratar a los enfermos y proteger a los trabajadores.

Estos resultados no son obra, pues, de afirmaciones más o menos ventajistas de tal o cual político.

La gráfica, que viene a continuación, recoge datos comparativos, relativos al crecimiento de la enfermedad. Nos sirve para deducir el excelente comportamiento de nuestro sistema sanitario (sobre todo el de los profesionales que lo componen) y también la eficacia de la gestión gubernamental, que se viene realizando, por mucho que, desde algunos sectores, se le esté echando basura política encima sin parar.

 

El descenso del porcentaje en todas las comunidades, con respecto a los datos del 29 de marzo es muy importante, situándose la media nacional en 3,1, únicamente superada, de manera significativa por Castilla León, Rioja y Castilla La Mancha. A destacar el descenso en Extremadura.

Esta otra gráfica recoge lo que sería el índice de curación (Número de curados/Número de fallecidos) en diferentes países europeos, utilizando los datos del día 7 de abril a las 13,20 h, proporcionados por la OMS. Invitamos a Estados Unidos a la gráfica.

 

 

Llaman poderosamente la atención los datos de Austria y Alemania que, por desorbitados, hacen pensar que su manera de contar casos y fallecidos, desde luego, no se parece a la nuestra ni a la de Italia o Francia (en donde, al parecer ya han empezado a contar las víctimas procedentes de las residencias de ancianos).

Nuestro índice de curación parece avalar no solo la calidad profesional de un sistema sanitario, que se ha visto desbordado por un volumen de contagios brutal, trabajando en condiciones francamente muy mejorables, desde finales de febrero, sino también la eficacia del propio sistema. Basta con fijarse en la media mundial en la que están incluidos los estratosféricos datos de Austria y Alemania.

Compartiendo con mi amigo que, sin duda. lo mejor del sistema son los profesionales que lo integran y que los gestores no siempre son mentes preclaras, mi conclusión es que nuestro sistema sanitario se ha comportado rozando la excelencia y que la gestión gubernamental de la crisis tiene más elementos positivos que negativos.

A la hora de enjuiciar la labor gubernamental en la crisis, convendría no olvidar la tardanza de la OMS en la valoración real del impacto del Covid-19, que no favoreció, precisamente, la toma de decisiones gubernamentales o la velocidad adecuada de las mismas.

Como muestra, veamos algún botón:

La OMS insiste en que viajar sigue siendo seguro a pesar del Covid-19 (12 febrero)                                                                                                                      

María Neira: “Podemos controlar la epidemia de coronavirus” (12 febrero)

 

La OMS ve irracional usar mascarilla y gel desinfectante ante el coronavirus (26 febrero)

 

“Nosotros estamos convencidos de que estamos a tiempo de contener este virus” (29 de febrero)

 

María Neira explica en qué circunstancias no es aconsejable ir a eventos multitudinarios, como las Fallas o celebraciones de Semana Santa (9 de marzo)

 

Coronavirus: la OMS declara la pandemia a nivel mundial por Covid-19 (11 de marzo)

 

Es de suponer que el ministerio de sanidad y los técnicos mantuvieron contacto con los gerifaltes de la OMS, en todo momento, lo que pasa es que la propia organización no se aclaraba y trataba de analizar a contrarreloj las posibilidades barajadas por los expertos, dentro de un confuso castillo de naipes.

Parece que han acabado poniéndose las pilas, a la vista de la situación mundial y la que puede avecinarse, no solo en Estados Unidos, sino en el hemisferio sur.

La falta de previsión de los expertos y sus intentos de evitar la aparición del pánico cósmico condicionaron, sin ninguna duda la capacidad de reacción de diversos gobiernos, incluido el nuestro.

Esto provocó la enorme especulación de material sanitario, que se ha producido y que se va a seguir produciendo, porque el negocio de la salud se eleva a potencias infinitas, cuando entra en escena el quinto jinete del Apocalipsis (el miedo), extendiéndose como un reguero de pólvora. La población queda en manos de los manipuladores y de los extorsionadores.

La centralización de la gestión de la crisis se antoja imprescindible. Si alguien podía tener dudas, este vídeo del alcalde de Nueva York resulta bastante aclaratorio.

La demoledora denuncia del gobernador de Nueva York que cuestiona cómo opera el mundo

 

A consecuencia del mercadeo, se han producido entregas de material defectuoso y escamoteo en todos los lugares del mundo, no solo aquí en España.

 

 

Eso sí, los listillos nacionales, nutrido grupo, compuesto por los que se “autolaurean” como insignes voceros periodistas y por un ramillete de politiquillos carroñeros de baja estofa, la emprendieron a palos contra el gobierno de la nación con la esperanza de sembrar el descrédito y pescar a río revuelto. Incluso, a algunos, que habían tenido el cuajo de reclamar que los inmigrantes sin papeles pagasen la asistencia sanitaria, derivada del coronavirus, se les llenó la boca con soflamas de expulsión de embajadores. Un poco más y piden una declaración de guerra.

 

 

Espero y deseo que la actitud de estos quebrantahuesos les pase factura en el futuro cercano y lejano y que el confinamiento de la población española sirva para que se coloque a cada cual en el lugar que se merece, que no será, ni mucho menos, el destinado al líder de la oposición portuguesa, cuyo discurso parlamentario constituye una verdadera lección de patriotismo, sentido de estado y sentido común, cosas que difícilmente se aprenden en un máster regalado.

Palabras del líder de la oposición portuguesa

 

En el artículo de Público se puede ampliar esta información, porque el discurso entero no tiene desperdicio.

 

El discurso del líder de la oposición en Portugal que da auténtica envidia en España: “Patriotismo de verdad”

 

El acoso y derribo carroñero y oportunista, practicado aquí por la intransigencia ignorante de la ultraderecha y por la rancia actitud del mayor partido de la oposición, cada vez más cercano a la intolerancia, provoca sonrojo y bochorno. 

La propagación de bulos, la extensión de fake news  y el comportamiento desleal son muy malos compañeros de viaje. Claro que cada uno elige a los que puede.

 

 

Me parece muy pertinente la realización de esta denuncia, porque parece que todo el mundo ha olvidado que, hasta que se declaró el sistema de alarma, todas las competencias en materia sanitaria estaban transferidas a las comunidades autónomas y que, por lo tanto, la previsión y la gestión de los recursos sanitarios era responsabilidad de cada una de ellas. En España, aunque me imagino que en todas partes cuecen habas, se practica con demasiada frecuencia el deporte de echar balones fuera.

Tampoco conviene olvidar que los recortes sanitarios se aplicaron de forma draconiana en el 2012, no solo con bajada de sueldos al personal, sino con eliminación de recursos, disminución de plantillas, masificación del trabajo asistencial, precarización, descenso de camas hospitalarias y escandalosos intentos de privatización, mientras los bancos  y los amigos del poder se iban de rositas. Nuestro sistema sanitario se tambaleó, no tanto por la ineficacia de algunos de sus gestores, sino por una clara intencionalidad política de acabar con él. (Otro día abordaré la comparativa con los sistemas de salud vecinos, que me parece muy interesante)

Como decimos mi amigo y yo, no tenemos el mejor sistema sanitario del mundo. Esas frases quedan para mítines electorales. Pero tenemos un sistema sanitario sólido y eficaz. Es responsabilidad nuestra protegerlo con uñas y dientes contra los desmanes de los advenedizos, que han podido provocar una auténtica catástrofe nacional por su ambición y por sus intentos de torpedear la gratuidad y la universalidad.

Es de esperar que, cuando todo esto pase, vuelvan las aguas a su cauce y las mascarillas de los ciudadanos al cubo de la basura,  exijamos el blindaje de nuestro sistema sanitario para ponerlo a salvo de los buitres. Esa será la única manera de garantizar que nuestra salud estará siempre en buenas manos, mejor dicho, en las correctas. 

Que el coronavirus y el quinto jinete del Apocalipsis no borren ni alteren nuestra memoria.

Mientras tanto, parafraseando al sargento de la comisaría de Hill Street, decirle a mi amigo y a todos mis excompañeros sanitarios: “Llevad cuidado ahí afuera”