Por cosas de la rancia endogamia de las monarquías europeas de principios del sigloXX, éstos sí que eran primos.

 

 

Esa circunstancia, no obstante, no impidió que la liaran parda y se embarcaran en una contienda brutal, amparada por las ansias expansionistas de ambos imperios, en busca de la hegemonía en África y Asia.

Tras la derrota en la primera guerra mundial, el Kaiserreich (Imperio alemán) se fue a hacer puñetas con la abdicación de Guillermo II y la conversión de Alemania en una república.

Cuando veinticinco años después el Tercer Reich es vencido, tras una nueva guerra que buscó el reparto de todo el territorio mundial, el liberalismo democrático derrota al totalitarismo, ideología que vulnera los derechos humanos por definición. Pero, por una de esas bromas que tiene la genética política, resulta que, más de setenta años después, resucita el mensaje inflamado de totalitarismo en los discursos de los primos lejanos.

 

 

La señora May tiene los mismos pelos en la lengua que neuronas en el cerebro.

 

 

¡Y si no les gustan mis principios, tengo otros!

Lo malo es que los británicos, con neuronas o sin ellas, han confiado el gobierno a una señora que veladamente, o no tanto, se ha mostrado partidaria del terrorismo de Estado. ¿Será que el pueblo se ha cansado de escuchar a los políticos y vota al pito pito gorgorito? ¿Será que esas ideas son compartidas por la mayoría o, tal vez, será que la falta de cultura provoca inanición?

Si el pueblo británico se deja atrapar en esa telaraña y se olvida de la causa por la que dieron sus vidas millares de antepasados, puede que un día se despierte y alguien le haya cambiado su bandera.

 

 

Tal vez parezca una pesadilla, incluida en un relato de ciencia-ficción, pero en Francia, ha estado a puntito de pasar, y no es descartable que termine por ocurrir en un futuro no muy lejano.

 

 

¡Sacré Bleu! ¡My God! ¡La Santa Alianza! ¡Dios nos coja confesados!

Para alguien que creció recibiendo los insultos de los que se creían prepotentes en ambas naciones: “África empieza en los Pirineos”, resulta muy oportuno preguntar ahora: ¿Dónde termina Europa?

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…

No estamos a salvo.

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