Mi silencio prolongado en este blog se ha debido al bucle mental en el que las situaciones continuas y repetitivas del panorama sociopolítico han sumido a mis pensamientos. Cierta sensación de fatalismo ha minado el camino,  produciéndome una especie de bloqueo catatónico, alimentado por la desesperanza. Las denuncias de la corrupción y la sinvergonzonería, incluida mi modesta opinión a lo largo de varios años, parecen haber caído en saco rato, sin calar en la conciencia general, como, por otra parte, parecía bastante lógico.

 

Hace casi cuarenta y cinco años, codirigí el cine club de un colegio mayor universitario en Valencia. Recuerdo que la proyección de la película Gertrud (Dreyer, 1964) desencadenó una ola de protestas entre los alumnos, reivindicando un cine más digerible, más amable, con más acción, más lobotómico y que no hiciera pensar. Este último aspecto fue el leimotiv de la protesta: No pensar. Si una teórica élite cultural universitaria se comportaba de esa manera, ¿a qué tipo de futuro podíamos vernos abocados? Malos tiempos para la cultura, que producía, prácticamente, el mismo sarpullido cerebral que en la actualidad.

Conviene recordar que la película Sillas de montar calientes (Mel Brooks, 1974) fue la más taquillera en el momento álgido de aquella protesta en el colegio mayor.

 

 

Este blog comenzó su andadura a finales de septiembre del 2010. Produce cierto vértigo volver la vista atrás y releer algunas de las cosas que en él he publicado, sobre todo, porque muchas siguen teniendo una rabiosa vigencia. La situación política actual me deja la profunda sensación de haber vivido el día de la marmota de una manera cíclica y de seguir atrapado en el mismo bucle.

 

El desfile de corruptos y de desahogados que se ha producido en estas páginas no ha cesado, es más, ha incrementado su parafernalia con un caudal inagotable. En estos siete años, hemos asistido al triunfo del Partido Popular en tres elecciones generales. Los votantes españoles, en un puro ejercicio irreflexivo, desde mi punto de vista, otorgaron su confianza a un personaje que no la merecía en absoluto, ya que era el máximo responsable de los desmanes de un equipo que había sembrado la corrupción en todos los rincones del país, había chapoteado en ella y la había convertido en el deporte nacional con mayor número de practicantes. Semejante hecho surrealista resulta propio de la más espeluznante representación del teatro del absurdo.

La retahila de casos, frentes y procesos judiciales abiertos contra cargos  y allegados del PP, en estos últimos años, conforma una lista tan bochornosa, que el sonrojo no es suficiente. Ha habido gente de la mayor confianza de los jerifaltes del PP que han robado a manos llenas, mientras esos dirigentes, como poco, miraban hacia otro lado, permitiendo los desmanes de sus amiguetes, probablemente porque favorecían el llenado de las arcas del partido, no en una trama de financiación ilegal, sino en multitud de ellas. El torpedeo constante a las investigaciones, los nombramientos sectarios en determinados cargos de la justicia y los comportamientos cortijeros de los ministerios de Interior y de Justicia darían para llenar las páginas de una enciclopedia.

 

 

Esto sólo es una pequeña muestra. Hay mucha más basura escondida, mucha más. La única forma de que salga a la luz es poniéndole las peras al cuarto al ministro de Justicia (¡Menudo elemento!), recordándole entre todos a quién ha de servir, que no es precisamente a quien está sirviendo. Eso es lo que debía hacer un presidente como Dios manda, pero, ¿lo es Rajoy?

 

 

Parece que a los ciudadanos españoles se nos han olvidado muy pronto el tema de los sobresueldos, la liquidación de los discos duros de Bárcenas, los SMS, el pago de reformas con  dinero negro, los papeles de Panamá, Bankia, las tarjetas black, las fiestas con globos o con señoras de compañía y otras zarandajas, que pronto estallarán travestidas de financiación ilegal, pese a las zancadillas ministeriales e institucionales. A lo mejor, es que estamos todos atrapados en el día de la marmota.

La tercera dimisión de la lideresa parece un acto evangélico similar a las tres negaciones de Pedro a Jesucristo.

 

Llueve sobre mojado en el día de la marmota.

 

El PP recibió varias denuncias sobre González y no investigó nada

 

 

La tormenta perfecta ya está aquí : Gürtel – Lezo – Púnica

 

Escarbando cebollinos

 

Definitivamente, todos estamos atrapados en el día de la marmota, no es que sólo sea una sensación personal. El olor a podrido es tan insoportable e insostenible como lo era antaño. Pero el inefable Rajoy, incapaz de dar la cara porque es incompatible con su ADN, pone tierra de por medio y se esconde allende los mares. A su regreso del periplo, le espera algo a lo que ningún otro presidente de la democracia española tuvo que enfrentarse antes, durante el ejercicio de su cargo: declarar como testigo.

 

El auto de la Sala que juzga Gürtel aclara que el presidente del Gobierno “debe comparecer ante el tribunal”

 

No te preocupes, Mariano. Hace un año, según el barómetro del GESOP, el 60% de los españoles te culpaba de la corrupción y mira lo bien que te ha ido desde entonces. A tu partido y a las manzanas podridas, les ha caído tanta mierda encima que se han convertido en un estercolero, pero parece que sabes manejarte entre la inmundicia como nadie, mejor que un escarabajo pelotero. Mientras sigamos deshojando el día de la marmota, tú tranquilo. Sé fuerte o, simplemente, haz lo mismo que has hecho hasta el momento, poner esa expresión de bobo que tan bien te sale con ese inconfundible e incontrolable tic en tu ojo. Aunque, no te fíes. Si cambia el viento, lo mismo se esfuma el día de la marmota y te quedas con el culo al aire. ¿Crees que no? No te fíes. Vigila y sé fuerte, que si no, nadie querrá ser tu amigo y siempre habrá una lideresa que te niegue tres veces. Cuidadín.

 

 

Aprovéchate de la ignorancia y la incultura, de la sumisión y la cobardía, del desastre general. Eso, te sale de fábula. Cuéntale a los jueces la milonga que se te ocurra. Mariano, sé fuerte, porque, a los terneros, les pueden salir alas y entonces…

 

 

 

 

 

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