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Era lógico que a Esperanza Aguirre se le calentara el desorden de sus neuronas populeras populistas y populacheras, y que las palabras atropelladas se le subiesen a la laringe como una especie de reflujo con el que, encima, ha pretendido dar lecciones de cultura.

Si Manuela Carmena le pegaba un varapalo al presidente titiritero de USA, vulnerador de los derechos humanos, que ha adoptado medidas que la propia ONU tilda de ilegales, ella no iba a apoyar esa declaración, como hicieron la representante socialista y la de ciudadanos, a las que determinado medio ensalzador del estrafalario savoir faire de la lenguaraz Aguirre ha tildado de palmeras de la alcaldesa, demostrando una “exquisita” falta de respeto y torcidas intenciones.

 

Aguirre denuncia la ‘hipocresía’ anti-Trump de Carmena

 

Se ve que para el medio en cuestión, la defensa de los derechos humanos es una cuestión baladí de rumberos o palmeros, como también lo es, sin duda, para la lideresa de la oposición municipal madrileña, la trumpera Esperanza Aguirre.

A doña Espe, le mola Trump. No es que lo diga yo, lo dice ella:

Respecto a su opinión sobre Trump, Esperanza Aguirre ha asegurado que ella es de “esperar y ver”, y ha reconocido que le gustó el discurso que pronunció tras ganar las elecciones, pero no así el que dio en su toma de posesión.

Ha asegurado que con el nuevo presidente, “hay cosas que van a mejorar”. “Parece que van a bajar el impuesto de sociedades, que hará un plan de infraestructuras enorme, y así podrán hacerse un hueco a las empresas españolas, que son las mejores”.

También se ha mostrado favorable al Gobierno nombrado por Donald Trump. “Demuestra humildad nombrar a gente mejor que tú, y es gente de primerísima para que se ocupe de sus asuntos”.

No le gusta el “odio al comercio internacional” que demuestra Trump, ni la “creencia” de que ello “no trae prosperidad, sino que quita el empleo”.

Podemos encontrar dichas referencias en el siguiente artículo:

 

Esperanza Aguirre: “Trump es machista, pero no tanto como Pablo Iglesias”

 

Otros medios también se hacen eco de la defensa de la dama de hierro capitalina al magnate que maneja la Casa Blanca como si fuese el retrete de una de sus empresas, twit va, twit viene.

 

Esperanza Aguirre, primera defensora de Donald Trump

 

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 Que no hay duda, Esperanza Aguirre es trumpera.  Como también lo son, algunos compañeros de su partido, instalados en las poltronas ministeriales, que se permiten opinar que las quejas de líderes internacionales como Angela Merkel, François Holande o Justin Trudeau ante las nuevas políticas aislacionistas de Donald Trump son “gritos y estridencias” que el Gobierno de España ni comparte ni emulará. Como también lo es don Mariano, experto en tibiezas gallegas en mitad de la escalera, que nunca van a ningún sitio.

La crítica de Gabilondo a la actitud del Gobierno español con Trump: “Produce bochorno”

 

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Aguirre vocea, señala con el dedo y saca a pasear las trompetas para utilizar el bombo y platillo que le conceden los que como ella desearían que Podemos desapareciera de la faz de la tierra por leninista y no sé cuántas cosas más  y que también se volatilizase Manuela Carmena, no fuera a ser que su mensaje llegase a calar entre las gentes con dos dedos de frente, y el sentido común se propagase. Por lo tanto, se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que la sexagenaria, azote de los agentes de movilidad, es una trumpetera de órdago a la grande.

 

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Claro que lo peor es que, sobre todo, es una trumposa de tomo y lomo. Su espada flamígera para contradecir a Manuela Carmena resulta patética y malintencionada. “Que pretendamos dar lecciones desde Europa, donde han nacido los peores totalitarismos de la historia, el nazi y el comunista que tanto le gusta al señor (Carlos) Sánchez Mato -delegado de Economía y Hacienda de la capital-, me parece absoluta y totalmente rechazable y quiero rechazarlo con la máxima contundencia”.

La frase se las trae por el ejercicio de prestidigitación que encierra. Supongo que olvida a cosa hecha un totalitarismo mucho más conocido y sufrido por los españoles, como es el franquismo, responsable, entre otras muchas cosas, de que en las cunetas de nuestro país haya, a día de hoy, tantos desparecidos todavía, que sólo seamos superados por el infame régimen de los jemeres rojos de Camboya, situación, por cierto, que sus compañeros de partido se han encargado concienzudamente de no remediar. Además, si bien es cierto es que las estructuras yanquis son democráticas y que nos convendría imitarlas, en lugar de dedicarnos a trasplantar Halloween, black friday o bochornosas despedidas de soltera, también es cierto que las manos del país no están precisamente limpias y que los americanos tampoco están en condiciones de dar lecciones a nadie. Esperanza Aguirre, mucho menos.

 

El exterminio de los pieles rojas es una historia todavía no contada. Hollywood se ha encargado de manipularla

 

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¿Le parecerá poco semejante genocidio a la señora Aguirre? ¿Le parecerá poco expolio que los nativos americanos, sólo en el territorio de Estados Unidos, fueran despojados del 98% de sus tierras, masacrados  y condenados los escasos supervivientes a malvivir en reservas? ¿Sabrá ella algo de la barbarie de los treinta años de guerras indias? ¿Es ella la única adalid yanqui que pueda permitirse darnos lecciones? Francamente, me parece que no está capacitada. Para poder hacerlo, necesitaría poseer lo que no posee ni poseerá jamás.

Lamentablemente, es una trumposa que confunde el culo con las témporas con la peor mala intención. Sólo persigue un objetivo, echarle mierda encima a Manuela Carmena, a toda costa, sin importarle que ella tenga razón ni que los fiscales de dieciséis estados americanos, demócratas y republicanos, hayan emitido un comunicado conjunto en el que condenan la orden ejecutiva inconstitucional, anti-estadounidense e ilegal del presidente Trump, afirmando: “Trabajaremos juntos para garantizar que el Gobierno federal obedezca la Constitución, respete nuestra historia como nación de inmigrantes y no acose a nadie por su origen nacional o fe”.

Aguirre, la cólera de Trump, es trumpera, trumpetera y trumposa.

 

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La maestra Quiñones, que no sabía hablar y quería dar lecciones.

 

 

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