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No sería necesario añadir una sola línea más para explicar el título otorgado. ¿Verdad que no?

Bastaría con ponernos bíblicos y recurrir a un lacónico “Por sus hechos los conoceréis” o, quizá de una forma más gráfica, “No hace falta que lo mueva para que se le vea el plumero”. Claro que no sólo se le ve a él, sino a los jerifaltes de la Sexta, auténticos responsables del circo en el que ha acabado convertido el programa “La Sexta Noche”.

En él, este individuo campa a sus anchas realizando un completo y continuo ejercicio de soberbia insultante, mala educación, grosería y tergiversación de la verdad. Sin duda, eso es lo que quieren los que le pagan y le siguen manteniendo en nómina.

Los que manejan los hilos de este telepredicador  intentan vestir  con el disfraz de la pluralidad política o la libertad de expresión su actitud de perdonavidas y la potenciación de sus constantes rifirrafes y desmanes verbales, pero cada vez les resulta más difícil hacernos tragar ese bulo, porque cada vez ofenden de forma más grave la inteligencia del telespectador.

A este telepredicador, tan pagado de sí mismo, le han hecho creer que no sólo es el único poseedor de la verdad, sino que,como decía Perich, además tiene la patente. Sólo podremos ser capaces de ver la luz a través de su palabra, siempre y cuando abracemos su fe y le consideremos el salvador absoluto del periodismo, único descubridor de entuertos, cruzado mágico y flagelo de quien le lleve la corriente y le demuestre que falta a la verdad desde su púlpito. En ese último caso, amparado por la aquiescencia del medio que le paga, monta en cólera, empuña la espada vengadora de Yahvé y arremete contra tirios y troyanos, acusándoles de pertenecer a las huestes de Podemos y de estar bajo el influjo de Venezuela. Siempre la misma monótona y cansina canción.

Cualquier intento de debate serio y tranquilo con este telepredicador es imposible y acaba como el rosario de la aurora, porque ya se encargará él de de interrumpirlo de forma continua, machacona y molesta, trivializando o manipulando datos a su antojo (por puro y absoluto desconocimiento o por intenciones torticeras), banalizando conductas, ridiculizando e insultando a sus teóricos oponentes con el consentimiento del conductor del programa antes aludido, que no utiliza la misma vara de medir con el resto de los tertulianos.

Esa actitud chulesca e irritante consentida es la demostración palpable de la constante falta de respeto que emplea el telepredicador para vilipendiar a sus propios compañeros de profesión o tertulianos en general, a los que escarnia y humilla con una burda, infantil y ridícula prestidigitación, para tratar de presentarlos ante los telespectadores como incultos, desinformados o agentes al servicio de potencias extranjeras. Recordémoslo: Sólo él lee de forma correcta dictámenes, informes o sentencias; sólo él es capaz de interpretar fidedignamente hasta la última coma; sólo él está en posesión de la verdad. Por eso, puede permitirse el lujo de meter la pata con impunidad absoluta.

Semejante conducta bochornosa acaba convirtiendo en bochornosa a la cadena televisiva que lo patrocina. Y es que en la Sexta, no es oro todo lo que reluce, ni mucho menos.

Como muy bien ha dicho Meryl Streep en su discurso en la ceremonia de entrega de los Globos de Oro, la falta de respeto sólo genera falta de respeto. Las televisiones, la Sexta en particular, han encontrado en el telepredicador al perfecto maestro de ceremonias para la propagación de la falta de respeto.

 

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En julio pasado, la periodista Ana Pardo de Vera tomó la decisión de abandonar la tertulia de La Sexta Noche, no sólo por el comportamiento del telepredicador, sino, probablemente por el de la propia cadena.

 

Ana Pardo de Vera deja ‘laSexta Noche’ tras pelearse con Inda

 

Tras su fuerte pelea con Inda, Ana Pardo no acudió a ‘La Sexta Noche’

 

No parece que queden dudas sobre las preferencias de la cadena televisiva.

 

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El sábado, 7 de enero, el telepredicador desplegó toda su batería de trucos y malas artes del acoso contra el economista Juan Torres, que abandonó el plató de La Sexta Noche por la reiterada actitud, ante la sorpresa del conductor del programa, que esgrimió que no había motivo alguno para hacerlo (eso lo pensarán él, el telepredicador y los que buscan la audiencia de baja estofa).

 

El economista Juan Torres abandona La Sexta Noche en directo por las mentiras de Inda

 

El economista Juan Torres no aguanta las mentiras de Inda y abandona La Sexta Noche en directo

 

Ya sé que al telepredicador y a sus acólitos, el nombre de Juan Carlos Monedero les hará exclamar: ¡Vade retro! Pero creo que merece la pena su reflexión.

 

¿Quién necesita la basura en el periodismo? Sobre Eduardo Inda y la mentira

 

Telepredicador y Telebasura son la misma cosa.

 

El juez pone en su sitio a Inda y a su abogado en el caso del documento falso sobre Pablo Iglesias

 

Inda ya ha sido condenado por informaciones falsas

 

El director de contenidos de ‘Salvados’, avergonzado por la presencia de Eduardo Inda en la Sexta

 

Es reconfortante que no todo el mundo en la Sexta responda a la voz de su amo, aunque no creo que esto sirva para la más que merecida condena al ostracismo del telepredicador.

 

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