Incluso La Razón, boletín incondicional del presidente en funciones, no se atreve a afirmar que Rajoy acudirá al Congreso.

 

Razón

 

Otros parecen tenerlo más claro.

 

Nova

No debería extrañarnos la actitud del sempiterno presidente en funciones (parece que le ha cogido gustillo al cargo). Su manera de proceder ante asuntos peliagudos no ha variado a lo largo de toda la legislatura. En eso, es de las pocas cosas en las que no ha engañado a los españoles. De hecho,su proverbial indecisión, la tendencia a la incertidumbre y la paciencia oriental, aguardando a que las cosas ocurran por sí solas, han sido tres de los pilares en los que ha apoyado su falta de discurso. Ya sé que se me podría decir que esas tres “virtudes”, entre otras, han conseguido que su partido haya sido el más votado en las últimas elecciones. Pues, muy bien, le felicito. A lo mejor, en las siguientes, que se nos avecinan casi seguro, logra la mayoría absoluta, empleando la misma táctica.

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Sesudos analistas y expertos en todo lo que se menea se han apresurado a interpretar las letras, los signos de puntuación y hasta los espacios en blanco del artículo de la Constitución que obliga a don Mariano a acudir al Congreso, al haberle dado el sí al rey, aunque fuese con la boca pequeña. Resultado: Que sí…. Que no. O sea, la Parrala.

 

 

Lo de las vigas y las pajas en ojos propios y ajenos es un ejercicio que se ha quedado para los intérpretes de la Biblia. Si no, no se entiende el ahínco con el que algunos defienden que el PSOE permita la gobernabilidad ahora, cuando hace un par de meses no le reclamaban lo mismo al Partido Popular en una opción de gobierno con el mismo número aproximado de diputados que, por cierto, se presentó ante el Congreso, sí o sí. Allí, el Partido Popular, que yo recuerde, votó en contra de esa investidura. ¿Dónde estaba entonces el interés de la nación, donde la imprescindible necesidad de gobernabilidad? ¿O es que ambas sólo son posibles si el Partido Popular encabeza el gobierno?

La Parrala otra vez.

Francamente, no hay luz al final del túnel. Estamos donde estábamos, pero al revés. Ahora, ya no es factible el gobierno del cambio que soñaron PSOE y Ciudadanos (sólo soñaron, por cierto). Es el momento de la opción continuista, pero mucho me temo que sufrirá el mismo rechazo que aquélla, porque si algo hemos podido constatar ha sido que el Partido Popular está más solo que la una y que nadie lo quiere como pareja de baile.

El manifiesto, firmado por más de cuatrocientas cincuenta personas, entre las que se cuentan políticos, intelectuales y activistas, que respalda un Gobierno de PSOE, Podemos y C’s, como opción alternativa, quizá se me antoja la opción más razonable, por mucho que crea que acabará convertido en un brindis al sol, ya que las fuerzas políticas no están por la labor. Por mucho que digan que anteponen los intereses de la nación a los suyos particulares, mienten. Sólo les interesa su supervivencia.

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Me temo que estamos abocados a unas terceras elecciones. Quizá en lugar de perder el tiempo con investiduras condenadas al fracaso, sería más conveniente que los señores diputados realizaran una reforma de la ley electoral, introduciendo una simple segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, que impida espectáculos como los que estamos sufriendo. O eso, o la Parrala.