Parafraseo con el máximo respeto a Fray Luis de León, después de un silencio de dos meses en el blog, que ha obedecido, fundamentalmente, a motivos de descanso, tras haber finalizado mi proyecto de Canciones del siglo pasado, y también por cierta desilusión forjada por el comportamiento lampedusiano que nuestros políticos han aplicado casi al pie de la letra: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.

En este tiempo de silencio, he contemplado con tristeza la campaña llevada a cabo por los escribas a sueldo de los grandes señores, que han volcado toda su rabia, sus tejemanejes mediáticos y su mala intención contra la izquierda, a la que han llenado de mierda de forma gratuita para desprestigiarla ante la opinión pública en un ejercicio que recuerda muy mucho al practicado por los mastodontes franquistas para excusar y justificar su incompetencia, su inmovilismo y su afán de perpetuación. Los más mayores aún recordarán aquello de “los enanos infiltrados”, “el contubernio judeomasónico” o “el complot orquestado desde el exterior”. Si entonces sonaba a chirigota, excuso decir cómo suena ahora.

Hemos ido para atrás como los cangrejos, poniendo en solfa la libertad de expresión, esa misma que para sí reclaman los intransigentes e intolerantes, al tiempo que la niegan a los demás, esgrimiendo una sarta de insultos manipuladores, tendenciosos e intolerables, escupidos desde sus camiones de la basura.

Ha habido tantos ejemplos que casi merecerían un monográfico, pero, sirva como botón de muestra, la actitud irracional de muchos, demasiados diría yo, que se cebaron con los dos titiriteros y su representación. Ha sido delirante, surrealista y bochornoso. No deja de resultar curiosa la virulencia carpetovetónicamente intolerante desatada contra ellos en este siglo veintiuno, en estos tiempos en los que a unos cuantos se les llena la boca con lo de “la nueva transición”, olvidando que la solidaridad de entonces habría impedido el linchamiento sufrido desde varios medios de comunicación con intereses espurios, al abrigo de los dueños del dinero.

Mi modesto desagravio en la voz de Serrat.

 

 

Todo vale con tal de presentar a la izquierda como la consumación de una jauría de diablos con tridentes, cuernos y rabos, presta a removernos en las calderas de Pedro Botero. La ceremonia de la confusión ha alcanzado su punto más álgido en las acusaciones reiteradas de considerar a los partidos de izquierda como no constitucinalistas, confundiendo el culo con las témporas y tratando de pescar en río revuelto. ¿Y todo para qué? Para que el PSOE no se aliara con ellos y descartar así la posibilidad de un gobierno progresista.

A simple vista, parece que han tenido éxito, aunque, personalmente, siempre he creído que el PSOE se maneja mucho mejor con aquellos que él mismo tacha de derechas e incluso de herederos de la FAES aznariana, que con los diablos cuernilargos progresistas. Claro que sólo es una opinión.

¿Dónde estamos, entonces? En el escenario de los salvadores de la patria, en la pantomima de los estadistas de altura y de los abnegados y sacrificados políticos que acuchillan sus programas electorales para proteger a España, pero no a los españoles.

 

Dos

Voy a permitirme hacer un símil futbolero para explicar lo que pienso de este pacto político. Tiene tanta incoherencia como un hipotético fichaje de Piqué por el Real Madrid. Así de claro.

En fin, nos espera una alharaca demostrativa de que el sentido común es el menos común de los sentidos. Desde mi punto de vista, el PSOE ha comenzado su inevitable proceso de mimetismo con el PASOK griego. El miedo de algunos dirigentes a que un pacto con Podemos desembocase en una fagocitación del PSOE le ha precipitado al abismo de la fagocitación por Ciudadanos y sus empresarios aliados.

Tiempo al tiempo.