Eiffel

Ese verso (Y si hay un culpable, todos estamos condenados) cierra una canción de Moustaki, un inmigrante, por cierto, llegado de Alejandría y que tanto contribuyó al engrandecimiento de la canción y la cultura francesa.

Lo hago mío, después de dar un repaso a las noticias sobre el salvaje atentado, perpetrado por la barbarie irracional, y después de contemplar con desolación comentarios en las redes sociales, tan bárbaros como éstos: “Deportar a todos los animales árabes es el primer paso hacia una europa mas segura (sic)” “Hay que sacar a todos los moros ya son una plaga peligrosa (sic)”, y lo que es peor, comprobar que son aprobados por varios pulgares hacia arriba.

Occidente, en general, se comporta como un perfecto esquizofrénico, que mira el mundo a través de su agujero particular, en el que sólo su única visión tiene cabida. Los occidentales estamos en posesión de la verdad, porque nuestro mundo no admite discusión y, además, es el que dicta las normas.

Cuando la atrocidad y la sinrazón nos golpean, se nos caen los palos del sombrajo y colocamos a nuestros muertos en una escala de martirio superior a los muertos más lejanos, allende los mares, allende los desiertos. Nos escandalizamos y nos preguntamos por qué, o qué hemos hecho para merecer esto.

Cuando nos ametrallan o nos hacen pedazos con explosiones, cuando hacen volar por los aires nuestro confort y nuestra insoportablemente leve seguridad, nos hacemos cruces y sentimos el terror a nuestro alrededor, encogiendo los corazones.
Cuando las cosas ocurren lejos de las fronteras de la vieja Europa, los sentimientos y las sensaciones se diluyen. Las noticias se difuminan. Además, ¡están tan lejos! Probablemente, más de uno habrá llegado a pensar que eso son cosas suyas y que a nosotros no nos atañen.

 

Atentado durante marcha por la paz en Turquía deja 95 muertos.

 

Líbano: Más de 40 muertos y 200 heridos dejó atentado del EI contra Hizbulá

 

Estos dos ejemplos no son de cuando se hacía la mili con lanza, el de Turquía es de hace un mes y el de Líbano, apenas hace un par de días.
Todos los asesinados, los cercanos y los lejanos, deberían ocupar el mismo lugar en la escala del horror. Sin embargo, me da la sensación de que los lejanos, desgraciadamente para muchos, no tienen la misma importancia y bastaría con una cuestación tipo Domund para tranquilizar sus conciencias.

De esa escala de valores, somos responsables los occidentales. Los terroristas son los mismos, los asesinados son seres humanos, la irracionalidad y la barbarie es idéntica, pero…

Seguiremos preguntándonos por qué a nosotros, cómo es posible, por qué semejante salvajada y barbarie, pero no nos preguntaremos de dónde salen las armas, quién las vende y se enriquece con la muerte de inocentes (que yo sepa un kalashnikov no se compra en el Corte Inglés, ebay o Amazon) ni quién permite el tráfico de armas, apoya al Estado Islámico, permite su financiación o compra su petróleo. ¿Acaso es porque sabemos las respuestas?

El petróleo se ha convertido en el generador más importante de guerras, como antaño lo fue el opio. Mucho me temo que será el desencadenante de una nueva guerra, más brutal y sanguinaria que las anteriores, en la que el odio triunfará, bajo el pretexto de la defensa de nuestro frágil modo de vida occidental y de la riqueza de unos cuantos.

La frase atribuida a los terroristas que masacraron a los inocentes que se encontraban en la sala Bataclan, “Os vamos a hacer lo que hacéis en Siria” (no hay más que ver las atrocidades cometidas por el propio Estado Islámico en Siria o en Irak), suena tanto a justificación fundamentalista, como la de emplear a las víctimas de la injustificable masacre como la bandera de una guerra santa occidental.

 

Eiffel

 

Nos encontramos en el epicentro de un laberinto y, desde luego, si hay un culpable, todos estamos condenados.