Por motivos técnicos coyunturales, me resulta imposible realizar la nueva entrega de CANCIONES DEL SIGLO PASADO, al final del post, como de costumbre. En breve, espero, solucionaré los problemas y continuaré puntualmente con la entrega.

 

Las neuronas fascistas.

A raíz de la polvareda informativa, levantada por el bochornoso espectáculo gráfico y moral, protagonizado por algunos miembros de las nuevas generaciones valencianas del PP, no he podido evitar recordar un incidente ocurrido en le campo de Mestalla, cuando Hiddink era entrenador del Valencia CF. 

Hiddink

 

En el año 1992, durante el calentamiento previo al partido de liga contra el Albacete, empleados del Valencia CF retiraron de la grada una pancarta con símbolos nazis, por orden expresa de Guss Hiddink. Preguntado el entrenador holandés por los motivos de la retirada, contestó, más o menos, que la importancia de esa simbología era desconocida por los autores de la pancarta, que eran demasiado jóvenes para saber el daño que los seguidores de esos símbolos habían hecho al mundo. No era una cosa para tomarse a broma, la pancarta fue retirada y Guus Hiddink se ganó todos mis respetos.

Hiddink ordenó retirar una pancarta con símbolos nazis en el campo del Valencia

Algunos de los actuales dirigentes del Partido Popular, valenciano y no valenciano, deberían haber aprendido la lección que les dio el holandés, hace veintiún años. Aquel que es capaz de tildar de chiquillada semejante injustificable exhibicionismo provocativo y chulesco, se descalifica a sí mismo, sin necesitar ayuda de nadie.

En esta cuestión, como en la mayoría de las cosas gordas, que se le han venido encima en los últimos tiempos al Partido Popular, su respuesta ha demostrado una miopía infinita, una torpeza absoluta y una indefinición flagrante. 

Desde mi punto de vista, el Partido Popular y, en especial la facción valenciana, se sigue comportando con excesiva soberbia, despreciando a todo aquel que no es merecedor de ser cobijado bajo su manto y, sobre todo y esto es lo peor, ofendiendo a la más elemental de las inteligencias. Su arrogancia, fruto de la impunidad en que se han instalado, comienza a abrir una brecha muy difícil de cerrar en las conciencias de los ciudadanos. 

Creo que es de justicia, resaltar la actual actitud farisaica de un partido que se desgañitó, pidiendo la expulsión de la vida política de los violentos y de aquellos que se saltaban a la torera la Constitución, y que, ahora, intenta mirar hacia otro lado, como siempre, y que se ve obligado a tomar medidas, a regañadientes, a causa de la indignación ciudadana.

Resulta inquietante, más que curiosa, la proliferación de actitudes fascistoides, gestuales, simbólicas u orales, protagonizadas por miembros del Partido Popular. Me parece suficientemente significativo, como para que los dirigentes se tomen el asunto en serio y pongan freno a ese tipo de desmadres, antes que tengan que lamentarse.

El incidente bochornoso de los miembros de las nuevas generaciones no es un hecho aislado. Hay demasiadas neuronas fascistas, soñando con una sinapsis imperial, y ya sabemos lo que les pasa a los que siembran vientos…