AL FINAL DE ESTE POST, NUEVA ENTREGA DE CANCIONES DEL SIGLO PASADO

 

 

156.- I SHALL BE RELEASED (1968) 

157.- I WANT YOU TO BE MY BABY (1968)

158.- JUDY IN DISGUISE (1968)

159.- JUMPIN’ JACK FLASH (1968)

160.- LA BAMBOLA (1968)

 

 

La España de mis mayores

Cuando yo era pequeño, la España de mis mayores no era exactamente en blanco y negro, como se ha dicho en varias ocasiones de forma poética. No había blanco, todo era gris, incluso gris marengo, diría yo.

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Yo nací unos dos años después de la supresión del racionamiento alimenticio en España, aunque el racionamiento económico y cultural seguía muy arraigado y continuó estándolo durante mucho tiempo.

Mi madre se enfadaba conmigo sin razón, ya que mi frase sarcástica: “Yo hasta los doce años creía que los cerdos eran cojos”, reflejaba la auténtica realidad. Supongo que su enfado se debía a que había logrado sepultar aquellos años de oscuridad en su memoria y no estaba dispuesta a recordarlos, por mucho que fuese para reírse de ellos.

En la España de mis mayores, se pasaban necesidades y hambre. Una sensación kafkiana de miedo flotaba en el ambiente, se hablaba en voz baja con mirada huidiza y siempre había ropa tendida. En la España de mis mayores, los roles estaban muy definidos:

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Limpiacuida

feliz

En la España de mis mayores, Franco entraba bajo palio, la educación era sectaria, el machismo norma habitual de conducta y el nacionalcatolicismo un yugo más férreo que el que adornaba a las flechas.

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En la España de mis mayores, se llegaba malamente a fin de mes, trapicheando con compras fiadas y a plazos, precursoras del desmadre general, producido por la invasión de las tarjetas de crédito. Sólo había grandes almacenes en Madrid y, como mucho, en Barcelona, destinos que parecían muy lejanos. Las tiendas de ultramarinos eran las reinas del barrio.

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En la España de mis mayores, había analfabetismo para dar y vender, después de la limpieza cultural a la que había sido sometido el país durante años y de la inevitable fuga de cerebros.

En la España de mis mayores, la desigualdad social era una realidad cotidiana y los privilegios y las corruptelas, la moneda de cambio habitual.

En la España de mis mayores, no había trabajo y las gentes tenían que abandonar masivamente sus lugares de origen, buscándose las habichuelas allende los mares.

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En la España de mis mayores, se fracturó el país y se produjo un éxodo de jóvenes que lastró el crecimiento interno, encorsetado por planes de desarrollo, y sempiternas inauguraciones de pantanos y pescas de salmones salvajes.

En la España de mis mayores, había mendigos por las calles, pobres de solemnidad, lisiados y mutilados, gentes viviendo bajo un puente, traperos que asustaban a los niños y “tontos”, oficiales o no, seguidos por una algarabía de perros y gatos callejeros.

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En la España de mis mayores, el pluriempleo no era un lujo ni un sinónimo de opulencia, era una puñetera necesidad, porque los salarios eran raquíticos. Dos y hasta tres trabajos era una norma habitual para llegar a fin de mes, cayendo rendido después del diario hablado de Radio Nacional, sin tiempo para pensar, a causa del agobio y la extenuación.

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En la España de mis mayores, se anunció a bombo y platillo la era del milagro económico, que nada tenía que ver con el alemán, en el que se acuñó, como frase para la posteridad: “No hay parto sin dolor ni hortera sin transistor”.

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En la España de mis mayores, se multiplicaron las vespas y los seiscientos, las letras de cambio, las remesas, le crecieron patas a los cerdos y apartamentos a las playas. Todo el mundo soñaba con unas vacaciones en Benidorm. El color gris se difuminó, aunque nunca se borró del todo.

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En la España de mis mayores no todos tenían derecho a pensión de jubilación, los servicios sociales eran inexistentes, el paro progresivo y las prestaciones sanitarias limitadas, tanto en cantidad como en calidad.

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Cartilla Seguridad Social

Enla España de mis mayores, la policía imponía su criterio dialogante a los menores que, encima, tenían que escuchar aquello de que algo habrían hecho para recibir jarabe de palo. Siempre se era culpable, mientras no se demostrase lo contrario, suponiendo que se dejase demostrarlo.

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En la España de mis mayores, Franco acabó muriéndose, después de haber exprimido su  inanición ideológica y física.

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Después de la sobrevalorada Transición, la España de mis mayores fue diluyéndose poco a poco, sin prisa, hasta quedar fosilizada en las páginas de los libros de historia.

Creímos que ya no habría vuelta atrás posible, que nunca, en jamás de los jamases, volveríamos a “pasar hambre” en Tara, pero nos equivocamos de la forma más lamentable. Nuestro error fue la confianza ciega en un sistema político que no iba a ser capaz de dejarnos desprotegidos, desde el punto de vista social. Creímos que los políticos pensaban como nostros y ni lo han hecho ni han buscado el bien común, sino el privilegio de los de siempre. Con tal de seguir garantizándolo, nos han condenado a la ruina.

La clase política, salvo honrosas excepciones, se ha comportado de la peor  infame manera posible, traicionándonos y robándonos la esperanza y el futuro. Ya basta de engaños. Ellos son los únicos responsables.

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Estamos viviendo una broma macabra y lo malo es que la estamos considerando como una catástrofe natural, cuando ha sido provocada y sólo en aras de beneficios económicos explotadores, precipitando unas condiciones desastrosas, que han quebrado el sistema de valores occidental y amenazan con socavar sus cimientos.

Resulta increíble que estemos asistiendo al desmantelamiento de ese mundo mejor, que soñábamos construir y al que está poniendo fin la mediocridad política, que nos convertirá en esclavos, arrebatándonos nuestra esencia: la capacidad de pensar.

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Atrapados en las redes de la gran mentira, hemos sido empujados a una máquina del tiempo, que nos ha hecho volver al pasado, pero no puede sacarnos de él.

En la España de mis menores, la gente vuelve a tener hambre y a rebuscar en los cubos de basura. Las calles han vuelto a llenarse de mendigos. Pronto volverán las jaurías de perros callejeros y las ratas se pasearan impunemente por las aceras.

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En la España de mis menores, las gentes vuelven a vivir debajo de un puente, gracias al engaño financiero y a la impunidad de los delincuentes, cobijados por la clase política.

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En la España de mis menores, a la mujer se la señala con el dedo, desde la impunidad de un ministerio, para reivindicar la Sección Femenina y el espíritu de la hembra hispánica carpetovetónica.

LOSANTOS-GALLARDÓNEn la España de mis menores, se sigue protegiendo a la Iglesia desde las instancias del poder.

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En la España de mis menores, la mantilla y el velo en la cabeza han derrotado a la pasarela Cibeles.

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En la España de mis menores, las corruptelas han subido de grado y los escándalos financieros con cifras desorbitantes y el pasteleo político han dejado en aguas de borrajas a la archifamosa Matesa y a todo el aceite de Redondela.

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En la España de mis menores, se ha producido la vuelta a la educación sectaria, bajo el reinado de uno de los más impresentables ministros que haya podido tener este país.

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En la España de mis menores, se ha batido el récord del paro, rebasando los seis millones, sin la menor esperanza de que su escalofriante avance encuentre freno.

En la España de mis menores, se pretende volver a instaurar la miseria y el pluriempleo,  minijob ahora, como pasaporte a la explotación y condena a la denigración mental.

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En la España de mis menores, la emigración ha vuelto a vomitar un éxodo hacia el extranjero, donde ya se sabe que se atan los perros con longanizas y hacia donde se dirigen cualificados e incualificados en busca de las oportunidades que nuestros jóvenes no pueden encontrar aquí.

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En la España de mis menores, la policía no ha cambiado su forma de actuar.

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En la España de mis menores, los derechos y libertades están disminuyendo de forma alarmante, en una espiral vertiginosa que se llevará por delante la sanidad, la educación y el resto de servicios públicos, estigmatizados por los fantoches políticos.

La España de mis menores se ha convertido en la de mis mayores.

 

 

CONTINUACIÓN DE LA ENTREGA

 

 

156.- I SHALL BE RELEASED (1968)

Otra de las extraordinarias canciones de Dylan, que rezuma tristeza y esperanza a la vez.

Versionada por multitud de intérpretes, The Band hicieron esta maravilla con ella, que un alma caritativa tuvo a bien subtitular.

 

 

Me ha sido imposible localizar un vídeo con la interpretación de Bob Dylan en solitario. Aquí, acompaña a Norah Jones, sacando a pasear al gato desgañitado.

 

 

Versión de Joan Baez en este directo del 72.

 

 

Curiosa versión de Mama Cash, Mary Travers y Joni Mitchell, muy modositas ellas en el 69.

 

 

Más curiosa la de Jeff Buckley en el 2003.

 

 

Para terminar, la mejor interpretación que yo he visto de esta canción en The Last Waltz. Absolutamente imprescindible.

 

 

157.- I WANT YOU TO BE MY BABY (1968)

Auténtico bombazo de la época, especialmente para los que nos encontrábamos inmersos en plena tormenta hormonal.

Billie Davis parecía una sinuosa representación de los sueños adolescentes pecaminosos.

Gracias a una traducción de Carla, confeccioné los subtítulos para este actuación de Billie Davis, la cantante que lanzó la canción a la fama.

 

 

158.- JUDY IN DISGUISE (1968)

Típico ejemplo de canción desenfadada y hortera, que consigue acabar siendo tarareada por todo el mundo.

Esta Judy con disfraz se convirtió en una melodía pegadiza, difícil de olvidar.

Gracias a una traducción de Carla, confeccioné los subtítulos para esta actuación de John Fred and His Playboys Band.

 

 

Aquí, una actuación mucho más psicodélica, a cargo de la misma banda.

 

 

Para terminar, versión en castellano, a cargo de Los Salvajes.

 

 

159.- JUMPIN’ JACK FLASH (1968)

Una de las canciones emblemáticas de The Rolling Stones, que contribuyó a mantener su rivalidad con The Beatles y al saltarín Jack Flash en el punto más alto.

Un alma caritativa subtituló está versión de estudio.

 

 

Aquí, la versión de Johnny Winter, en un directo del 74.

 

 

En 1986, la película de Penny Marshall, Jumpin’Jack Flash, rescató la canción.

 

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Aquí, la version de Aretha Franklin para la película.

 

 

Para terminar, espectacular directo de los Rolling en el 72.

 

 

160.- LA BAMBOLA (1968)

Creo que Patty Pravo fue una de las responsables del despertar erótico de montones de adolescentes. La foto de la portada de su single la convirtió en objeto de deseo.

Su Bambola se escuchó en cada tocadiscos y en cada máquina de bar.

Gracias a una excelente traducción de esta página,  confeccioné los subtítulos para la actuación de Patty Pravo.

 

 

Aquí, su versión en castellano.

 

 

Para terminar, curiosidad en castellano, a cargo de Los Iracundos (nombrecito que se las trae).

 

 

CONTINUARÁ . . .