Locomotora

Cuando estaba a punto de concluir el plazo de admisión de las obras, decidí presentar la última de mis novelas, que lleva como título Hormigas en Sincairén, al premio Azorín de novela 2013. El primero de mis objetivos cuando tomé la decisión se ha cumplido, puesto que la novela es una de las diez finalistas. El segundo, por inalcanzable, resulta utópico, máxime desde mi punto de vista realista, así que puede decirse que no fue siquiera soñado. Ganar era una tarea absolutamente imposible.

Mañana, cuando se haga público el fallo del jurado, el tiempo dará y quitará razones (¡siempre quise utilizar esta frase mítica de José Mª García!).

Cuando presentas una obra a un premio literario respaldado por una gran editorial, las posibilidades de hacerte con él son muy escasas. Hay una especie de regla no escrita, que resulta muy difícil sortear.

Vaya por delante y por supuesto que jamás tendría la peregrina ocurrencia de poner en duda la calidad de las obras finalistas ni la de la que resulte finalmente ganadora. Todas ellas, junto a sus autores, merecen y tienen todo mi respeto, y a todos ellos les deseo la mejor suerte.

Cuando el año pasado, mi hermano fue finalista ya publiqué un par de post con mis reflexiones sobre el premio Azorín. A día de hoy, mis ideas no han cambiado:

Otra reflexión sobre el premio Azorín y Premio Azorín

La pregunta que cabría hacerse es ¿por qué, pensando de esa forma, he presentado la novela? En primer lugar porque considero que no tengo la patente de la verdad, es más no sólo no me importaría estar equivocado, sino que me produciría una gran satisfacción reconocer mi error; en segundo, quizá la novela podría originar un interés editorial que, dicho sea de paso, considero también muy improbable, y poder ser publicada (Suele haber una perversa cláusula en los premios literarios, que viene a decir, más o menos, que la editorial se reserva el derecho de publicar aquellas obras, no ganadoras, que considere merecedoras de ello). Ése es, auténticamente, mi objetivo.

Sincairén 02Lo cierto es que la magia de Sincairén ha sido capaz de despertar la curiosidad de algún miembro del jurado y yo me siento muy satisfecho por ello y porque la revisitación de un mito y estas Hormigas en Sincairén tengan la fuerza suficiente como para no necesitar de su madre Crónicas de Sincairén.

Espero que estas hormigas puedan dar a conocer su secreto y sigan reivindicando el único lugar que puede ser considerado el principio o el final del mundo, como uno prefiera.

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