AVISO:

NUEVA ENTREGA EN CANCIONES DEL SIGLO PASADO.

16.- THAT’LL BE THE DAY (1956)

17.- BYE BYE LOVE (1957)

18.- COLONEL BOGEY MARCH (1957)

19.- DIANA (1957)

20.- JAILHOUSE ROCK (1957)

 

Fiel guardián de la España carpetovetónica y con una legión innumerable de seguidores entre los jubilados, que vivieron el comienzo de sus aventuras, allá por el año 40, Roberto Alcázar y su inseparable compañero, el inefable Pedrín, son bastante bien conocidos.

A aquellos que no les alcance la edad para recordar o identificar a ambos, simplemente les diré que Roberto Alcázar, apuesto investigador, aventurero o agente de la Interpol  de engominados cabellos joseantonianos, era una especie de precursor patrio de James Bond, sólo que, en vez de llevar en su cartera la licencia para matar, él guardaba la cartilla de racionamiento, el certificado de penales, limpio de polvo y paja, y la declaración jurada de su inquebrantable adhesión al Régimen. Pedrín se limitaba a ser un casi adolescente irritante y amante de los chascarrillos, muy propenso a repartir “jarabe de palo” con una pequeña cachiporra, que parecía un pequeño falo amorcillado.

Roberto Alcázar no bebía Martini ni agitado ni removido, pues no estaban las cosas para esos dispendios. Por muy aventurero que fuera, su austeridad le impedía seguir la senda dipsomaníaca de James Bond. Se contentaba con agua, que hace la vista clara, puesto que siempre había que anteponer la obligación a la devoción.

A Roberto Alcázar no se le conocía novia, amiga, amante o mujer que más le hubiese querido, ni siquiera una eficiente y eficaz Moneypenny, a la que se le derritiesen los huesos por él. El apuesto y hierático aventurero español debía conformarse con los fuegos de campamento, al lado de su inseparable Pedrín.  Así, que no sería de extrañar, que Batman y Robin, nacidos casi al mismo tiempo, bebiesen en las mismas fuentes.

 

Una vez hechas estas puntualizaciones, me gustaría decir que me parece que nuestro ministro de justicia, caracterizado desde su escalada al sillón por darle la espalda a la cartera que representa, se ha creído que es algo parecido a la reencarnación del apuesto investigador, aventurero o agente de la Interpol (nunca tuve clara su auténtica profesión). Realmente, no sé si se ha convertido en Alberto Alcázar o en Roberto Ruiz Gallardón, pero en algo de eso se ha convertido.

 

Don Alberto Alcázar o don Roberto Ruiz Gallardón, o los dos, se han empeñado en meternos en vereda a todos los españoles, que muy desmandados estábamos en temas judiciales, creyéndonos que todo el monte era orégano y atascando los juzgados con nuestras inmundicias legales.

Hay que agradecerle su diligencia y que, realmente, vele por los intereses del pueblo y por el triunfo de la justicia. Hay que agradecerle que se haya arremangado pantalones y camisa y se haya puesto manos a la obra , para solucionar los problemas que teníamos los españoles con las leyes actuales y con la justicia en general.

Con toda la que está cayendo y con la mierda que él y los de su partido, que gobiernan, han vertido sobre los ciudadanos, no es de extrañar que sus aciertos sean ejemplares y debamos destacarlos.

En lugar de perder el tiempo, protegiendo a los ciudadanos de los vampiros banqueros, en lugar de solucionar la INJUSTICIA Y LA IGNOMINIA que sufren los ciudadanos a causa de una vergonzante, deshonrosa y centenaria ley hipotecaria,  en lugar de gastar energías aboliéndola, ha preferido travestirse de Roberto Alcázar y enarbolar su espada flamígera contra las mujeres que quieren abortar por un quítame allá esas pajas o porque no tienen otra cosa mejor que hacer, ha preferido “sugerir” el manual de la buena práctica femenina y de la maternidad obligatoria, como condición indispensable para ser consideradas mujeres como Dios manda ( No me extrañaría que, de seguir gobernando el PP se instauren, de nuevo, certificados de buena conducta, certificados de penales, servicio social femenino obligatorio y mili masculina, bueno esto último no, porque la quitó el emperador Aznar, que si no…).

El ministro justiciero endurece  medidas para criminalizar la protesta ciudadana, con multas y penas de cárcel desproporcionadas. Eso, ha sido para demostrarle cómo se las gasta a su amigo Pedrín, nombrado ministro del Interior de España y que se había quejado repetidas veces de lo malos que éramos los ciudadanos, cuando nos daba por resistir pacíficamente las cargas policiales. Al final, el “jarabe de palo” es la medicina propuesta por ambos ministerios para calmar la sed de justicia de los españoles.

 

 

 

 

Faltaba la joya de la corona, faltaba el rizar el rizo. No sé si lo ha conseguido Alberto Alcázar o Roberto Ruiz Gallardón, o ambos. Ha dejado a España sin derecho a la justicia universal y ha recuperado las tasas judiciales franquistas. Y lo ha hecho con la mayor desfachatez, incumpliendo el primer deber del servidor público, pisoteando nuestros derechos. Se ha creado una justicia a su medida y a la medida de los ricos. Su insolidaridad y su arrogancia han sido propias de un representante de república bananera.

Espero que el pueblo español sea capaz de plantar cara a este petulante absolutista y luche para recuperar los derechos que esta reencarnación del carpetovetonismo hispano ha pisoteado y tirado a la basura. Si esto no ocurriera, el pueblo español se convertiría en la tercera pata del banco al que hace referencia el título de este post: la comparsa.