Ésas son las “dos” palabras más repetidas en el interior de cualquier mente pensante del país, ante el aluvión de agresiones a los derechos y libertades de los ciudadanos que se están produciendo en España.

Ya lo dice el refrán: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Por eso, por mucho que ahora pretenda matizar o “modular” sus declaraciones, a la señora Cifuentes se le ha visto el plumero y nos ha dejado muy claro que está dispuesta a liderar una cruzada para reprimir el derecho al pataleo. Está claro que no piensa permitir que le reboliquen el jardín a su amiga Ana Botella.

 

A la delegada del gobierno no le hace ni puñetera gracia que la gente se eche a la calle para protestar y sugiere, como quien no quiere la cosa, que se module, ¿o tal vez quiso decir se estrangule? el derecho de manifestación. El recién aterrizado en la presidencia de la Comunidad de Madrid le da la razón. ¡Faltaría más!

Cifuentes aboga por cambiar la ley 

El tratamiento informativo, varía según los vientos editoriales, aunque ya se sabe aquello que le pasa a la mona, aunque se vista de seda.

Cifuentes aclara que no ha pretendido restringir el derecho de manifestación

Por fortuna, semejantes declaraciones son respondidas adecuadamente y conviene hacerse eco de ellas, por si el tratamiento informativo tapa con sus ramas el bosque.

Amnistía Internacional en España

En este vídeo, se recogen las opiniones de Jueces para la Democracia sobre la constitucionalidad de la medida “sugerida” por la señora Cifuentes. Es un poco ladrillo por la voz en off, pero ilustrativo.

Además de semejante pretensión, tanto ella, como el ministro del interior, alaban la actuación policial, cuando numerosos testimonios gráficos demuestran que, en algunos casos, la respuesta fue desproporcionada, como poco. Por sus actitudes les conoceréis.

 

No he podido evitar acordarme de una anécdota que tuve la suerte de presenciar en el Paseo al Mar de Valencia, allá por el año 72.

Un compañero y yo cruzábamos el paseo, en dirección a un bar que había frente a la facultad de medicina. Delante de nosotros, a unos siete u ocho metros, caminaban tres estudiantes árabes que, sin duda, iban al mismo bar. De repente, una pareja de antidisturbios apareció de la nada (por aquel entonces estaban las cosas muy crudas en Valencia, bueno y en todo el territorio nacional). Uno de los dos policías se plantó delante de ellos y les gritó: “¡Disuélvanse!”. Naturalmente, los tres estudiantes se quedaron petrificados, tanto por la sorpresa, como por la contundencia de la acción. Pusieron cara de no haber entendido la orden. Como el policía no tenía pinta de ser profesor de una escuela de idiomas, volvió a gritar, y esta vez más fuerte: “¡Disuélvanse! Casi uniendo la acción a la palabra, le sacudió un porrazo a uno de los tres estudiantes, que le dejó el hombro temblando. Ese día los tres estudiantes árabes comprendieron que, el idioma hablado no es tan importante y que, a veces, basta con la contundencia de los gestos. Ni que decir tiene que se disolvieron. No me preguntéis cómo, pero desaparecieron, dejándonos a mi amigo y a mí en la trayectoria de la policía.

Afortunadamente, los policías habían aprobado aritmética en el colegio y se sabían al dedillo que tres son multitud y dos una porquería, porque no nos prestaron atención, permitiéndonos cruzar la calle sin la amenaza de la disolución ni la del porrazo en los morros.

Me da la sensación que la señora Cifuentes pretende disolvernos y creo yo que no parece muy saludable que nos dejemos.

Lo de estas gentes, sólo puede resumirse en dos palabras:IN CREÍBLE