La incompetencia y la desfachatez del señor Rajoy no tienen límites. Sus actuaciones a lo largo y ancho de los escasos meses que lleva en un cargo, que le viene descomunalmente grande, han puesto de manifiesto su incapacidad y la de todo su equipo y, lo que es peor, la impunidad con la que están pisoteando los derechos de los ciudadanos, ninguneando a colectivos profesionales, que no paran de sufrir un constante saqueo y, en resumen, desmantelando el país para regalárselo a los mercaderes, argumentando que para eso tienen mayoría absoluta.

Ya he dicho en varias ocasiones que la mayoría absoluta es un concepto político (la aspiración máxima de cualquier candidato, puesto que su logro le permite hacer lo que le venga en gana sin tener que dar explicaciones o dándolas con la boca pequeña), no un concepto social. Tengamos en cuenta que en Rajoy o, mejor en el PP, depositaron su confianza un tercio de los españoles, aproximadamente, lo que quiere decir que los dos tercios restantes ni confiaron ni comulgaron con él. Además, cuando se llega al poder, cabalgando a lomos de la mentira, la obtención del mismo queda deslegitimada.

En estos días, nos llegan multitud de correos con presentaciones, fotos, videos, etc… que dan cuenta de la indignación creciente que está germinando en diversos sectores. Por ejemplo:

Quizá algunos puedan tachar de sectarias o panfletarias las afirmaciones que acompañan a la foto, pero si nos olvidásemos de connotaciones partidistas, no tendríamos más remedio que concluir que no debemos ponernos una venda ante la verdad, que ya está bien y que no es tiempo de bromas.

Por eso, me resulta patético, particularmente, ver cualquier intervención de la vicepresidenta de gobierno, ante los medios de comunicación.  Probablemente, podríamos hacernos ricos en las casas de apuestas, adivinando en qué segundo de su intervención nos va a salir con la cantinela de la herencia. Ustedes sí que nos van a dejar una herencia, pero una de miedo, que no se la saltarán ni Dean Martin ni Jerry Lewis.

Debido a esa herencia que el PP aceptó muy gustoso, por cierto, con tal de mandar, sobre todo, después de los dos anteriores fracasos electorales del ínclito Rajoy, a éste no le ha quedado más remedio que adoptar una serie de medidas de ajuste, como él dice, negando la evidencia más que evidente de que se trata de un rescate en toda regla. Pobrecito señor Rajoy. La culpa de todo la tendrá el cha-cha-chá de la herencia, pero usted le ha vendido el país a las fuerzas extranjeras, políticas y financieras, a costa de hundir en la miseria a los españoles.

Rajoy anuncia más recortes

Ya no es tiempo de bromas ni de hacer más chistes a costa del señor Rajoy. No se los merece. Se merece el mayor y más absoluto de los desprecios, el mismo que despliega él contra  los españoles, de los cuales se burla, aprovechando cualquier tribuna. Sabiendo que, gracias a su maravillosa Reforma Laboral, es muy probable que se alcance una cifra de parados estratosférica, por ahí se habla de 6 millones, se permite lindezas, como la de que reduce la prestación por desempleo para “incentivar la búsqueda de nuevo trabajo”. Lo dice y se que tan pancho, cuando está convirtiendo España en un erial.

 

¡Tendrá narices, el tío!

El señor Rajoy no necesita a nadie para descalificarle, lo hace él solo a la perfección. Utiliza toda clase de sortilegios y eufemismos para encubrir el patetismo de su mentira. Tiene la desvergüenza de cargar contra los trabajadores públicos, insistiendo en negarles el pan y la sal y conduciéndolos a la pobreza.

Amparado, no sé si en el desconocimiento o en la aquiescencia de los medios de comunicación, dice que suprime la paga extra de Navidad, como si ésta fuera un regalo donado generosamente por la administración. Como un mentiroso de la peor especie, confunde a la población, haciéndole creer que la paga extra es un extra. Pues no lo es, forma parte de su salario anual que, en lugar de percibirse en 12 mensualidades, se hace por medio de 14 pagas. El señor Rajoy ha vuelto a atracar a los funcionarios, rebajando su sueldo, que ya había rebajado este mismo año, en un porcentaje que rondará un nuevo 5%.

Es comprensible que ante tanta mentira en la punta de la lengua, ésta acabe por trabarse.

Ya no es tiempo de bromas, es tiempo de canalizar la indignación y exigir responsabilidades.

Creo que no nos merecemos lo que tenemos, pero habrá que mover el culo para conseguir algo mejor.

Ya no es tiempo de bromas.