Da gusto tener un presidente de gobierno tan listo, alguien tan capaz de regalar citas para la historia, frases para la posteridad, en las que la sabiduría rezuma y se desborda de forma incontenible, cayendo sobre el resto de los mortales como una lluvia persistente que cala hasta los huesos.

No es de extrañar que haya habido bofetadas para pugnar por su investidura como Doctor “horroris” causa. Lo malo es que eligieron mal a quién dárselas (las bofetadas, digo).

Mariano I, el Reformador, de haberse llamado Alfonso, sería conocido en el mundo entero como Alfonso XI, el Supersabio, ya que, sólo con tirar de la borla del birrete, el ingenio sesudo brota a borbotones, permitiendo la siembra de pensamientos profundos, fuera del alcance de los humildes mortales.

Un estirón y voilà:

“Se aprende más de quien no nos da la razón”.

¡Qué profundidad, por Dios! ¡Cuánta verdad contenida en apenas una decena de palabras, de las cuales siete son monosílabos! ¡Qué contundencia! Aunque, claro, sería conveniente analizar el sentido de la frase, porque la misma puede prestarse a confusión.

Veamos, ¿qué habrá querido decir nuestro notable hombre de estado? No es que quiera ponerme quisquilloso, pero es que la frase de marras tiene un doble sentido o un sentido bidireccional, si se prefiere.

¿Son los miles de ciudadanos, que pasean su indignación por las calles, los que han de aprender del estadista solitario, empecinado en no darles la razón, o la cosa es a la viceversa, como diría Cándida?

¿Cuál será la verdadera intención de la frase del preclaro prohombre? La duda me corroe. Conociendo cómo se las gasta en materia de humildad, la verdad es que la cosa está difícil de dilucidar, ¿o no tanto?

Venga, vale. No seré malo. Mariano I, el Reformador, se aplica la frase a sí mismo. Por lo tanto, no me queda más remedio que concluir que es el hombre más sabio del mundo, porque, de entrada las dos terceras partes de los españoles no le dieron ni la razón ni el voto y de salida una parte, cada vez más importante, del tercio que le otorgó su confianza, está pensando que hubiera sido mejor haberse comido la papeleta antes de introducirla en la urna.

La suma de los que no le dan la razón alcanza una cifra millonaria, eso sí, no tan grande como el agujero negro de Bankia. Mariano I, el Reformador, tiene tanto que aprender de las legiones que no le están dando la razón, que no me cabe duda que ya ha alcanzado el status de Supersabio.

Lo primero que ha hecho, una vez obtenido el título, ha sido nombrar embajador plenipotenciario de su sabiduría a un  tipo, cuyo talante democrático ha sido puesto en evidencia, de forma unánime por todos los rectores de la Universidad española.

Los rectores plantan al ministro de educación

El ministro plantado

Ahí se queda ministro

Según parece, el Supersabio quiere convertirse en ejemplar único. Por eso le ha encargado al funesto ministro plantado que arroje la Educación Pública a las profundidades del mar con una rueda de molino anudada al cuello para evitar que pueda reflotar. El ministro solícito se ha puesto manos a la obra.

Destrucción universidad pública

“Des-wert-güenza”

Despido de profesores

El Supersabio y su secuaz quieren convertir el panorama cultural español en un erial y lo quieren hacer, apoyados en la tremenda incultura que poseen ambos y que pretenden sembrar en todos los estamentos de la Educación Pública, con el único objetivo de conseguir el sometimiento y la esclavitud de la juventud española.

Quieren trasladarnos al sumidero de la dictadura franquista, impidiendo, como en aquellos tiempos, el acceso a la Educación Pública de todos los españoles, queriendo convertir la Universidad en su coto de caza privado, donde nadie levante la voz como no sea para loar con sus cantos la gloria de Mariano XI, el Supersabio. Quieren castrar nuestros cerebros porque tienen miedo, miedo a que la frase de Confucio: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”, se convierta en una realidad en España.

La microcefalia a la que nos quieren condenar fue perfectamente retratada por George Bernard Shaw: “El cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la ciencia en superstición y el arte en pedantería”.

Lo único capaz de impedir eso es la cultura y la educación, ésas  que nuestro supersabio de opereta quiere cortar de raíz.

Los gobiernos que la emprenden con la cultura tienen un nombre. Los gobiernos que premian a los defraudadores y salvaguardan a los poderosos, empobreciendo a los ciudadanos hasta la ruina, también.

Si lo consentimos, haremos realidad la sátira de Les Luthiers (geniales, como siempre), en la exaltación al General Eutanasio Rodríguez:

“Nuestro pueblo tenía hambre y no había libertad. Y aunque aún tengamos hambre, no tenemos libertad”.

No podemos dejar de sacarle la lengua al Supersabio y su pandilla. No podemos consentir que acaben con la cultura.

No consintamos que España se convierta en Banania por culpa de nuestra catatonia o de nuestro miedo.

Quisiera añadir a la contundencia de la viñeta de Forges, el ingenio desplegado por el autor del correo que he recibido, que sirve para resumir la esencia de las reflexiones anteriores:

Cadena Rajoy te ama