Hace poco más de un mes, nuestra ministra de Sanidad pudo comprobar en sus carnes el efecto producido por la lengua de fuego, que el Espíritu Santo hizo descender sobre su cabeza, se sintió inflamada (probablemente en todos y cada uno de sus órganos) y nos obsequió con una demostración de su recién adquirido “don de lenguas”.

Hay que escucharla porque no tiene desperdicio, la criatura:

LAS “EXPLICACIONES” DE LA MINISTRA( ? ) DE SANIDAD

Es un espectáculo digno de la antología cómica del absurdo. Impagable. Ni siquiera son suficientes las retribuciones que recibirá por su cargo de superministra de triple corona (Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad). Todavía sigo anonadado y lo que te rondaré, morena.

Gracias, señora triple ministra, no había visto cosa igual, desde que los Hermanos Marx protagonizaran una de las mejores secuencias de la historia del cine:

Claro que, mientras que a uno no se le disipan jamás los vapores hilarantes, producidos por Chico y Groucho, los producidos por la incalificable intervención  de Ana Mato son efímeros, acaban por no tener ni puñetera gracia y son una demostración más de la altísima falta de cualificación del equipo gubernamental del pasmado reformador de los viernes, de sus palos de ciego y de su improvisación  continua, únicamente encaminada a bailar al son que marcan los explotadores de los mercados fraudulentos y capitalistas.

En fin, que a la vista de intervenciones tan patéticas como ésta, no es de extrañar que hayan puesto en venta la Sanidad del país, como una cláusula más del contrato de esclavitud firmado con el imperio alemán de la absolutista señora Merkel por un gobierno, que no ha dejado de mentirnos desde que conquistó el poder, prometiendo lo que no ha cumplido, balbuceando como un pato fuera del estanque.

Siempre quedará la genialidad de Groucho para despertar las conciencias anestesiadas con su agudeza.

Por fortuna, el ingenio de Groucho está fuera de toda duda, tanto como la aplicación de esta conocida frase suya al panorama político español.

“Él puede parecer un idiota, pero no se deje engañar. Es realmente un idiota”.

“Éstos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”.

Perdón por la doble negación, pero hay quien no tiene ningunos.