Nuestros irresponsables gubernamentales han dejado de juguetear con sus caretas, se las han quitado definitivamente y nos han obsequiado con un desagradable striptease, al despojarse, de golpe, también de sus pieles de cordero. Lo malo es que su pretensión real es dejar en pelotas al ciudadano o peor, conseguir el deterioro del estado de salud nacional, aumentar la morbilidad y acelerar la muerte de la población, bajo el abominable pretexto de no poseer recursos suficientes como para garantizar la sostenibilidad del sistema.

Claro que, si los recursos aportados por el pueblo se hubiesen destinado realmente a Sanidad y en el mismo porcentaje que el resto de los países europeos, otro gallo nos habría cantado. Claro que, si los 1.000 millones de euros irrecuperables, gastados en turismo sanitario, no se hubiesen dilapidado, en aras del clientelismo y la fantasmería, los resultados serían otros bien diferentes.

Para los que no la leyéseis en su día, os dejo la reflexión, hecha en este blog, al respecto.

Vientos de privatización

La puerta abierta permitirá el paso de la especulación y el comercio con la salud y la enfermedad, provocando la desigualdad social.

Lo más indignante es que toda las medidas adoptadas se venden como extraordinarias y coyunturables, por la situación de guerra económica que atravesamos. O sea, que cuando se produzca la famosa y ansiada salida de la crisis, las aguas volverán a su cauce y con ellas nuestros derechos, ¿no?. Pues no. Una vez los generadores de la crisis decidan suspenderla porque hayan exprimido lo suficiente, las cosas se quedarán como están, atadas y bien atadas, y las libertades y los derechos exactamente igual de restringidos.

El comportamiento del gobierno actual es intolerable y, mucho me temo, provocará un estallido social de proporciones imprevisibles. No se puede gobernar de espaldas a la realidad, adoptando medidas que agraden al régimen dictatorial económico europeo o la panda del Fondo Morretario Internacional, provocando una grave fractura social interna. La marejada puede convertirse en maremoto.

El señor Rajoy no se cansa de acertar ni de mentir. Lo hace con la mayor impunidad imaginable, sin disimular la ineficacia de sus colaboradores ni la capacidad de improvisación.

En España resulta muy fácil apoltronarse en el gobierno. No hay que rendir cuentas a nadie. Encima, a algunos hasta les parece gracioso que los políticos irresponsables nos timen. Cosas del carácter latino, dicen.

Los primeros diez incumplimientos de Rajoy

No es de recibo que un presidente de gobierno se asome a la televisión para justificar las medidas, balbuceando y tenga una salida de pata de banco, ofensiva para el ciudadano por un doble motivo: demuestra el desprecio con el que el presidente trata a la población y constata la incapacidad del personaje.

Rajoy pide unos pocos euros

¿Unos pocos euros al mes, señor Rajoy? ¿Para quién? ¿Para usted? Lo que se desprende del batiburrillo sanitario, refrito en los medios de comunicación, es que los pensionistas que cobren más de la pensión no contributiva pagarán un euro y medio por receta, hasta un tope de 8 euros. La gracia viene, cuando resulta que el  pensionista tiene que abonar el total y luego reclamar a la administración que le devuelva el sobrante, una administración que le dice, de antemano, que no le pagará hasta seis meses después. Si tenemos en cuenta que la palabra de la administración es papel mojado, visto cómo se las gasta en el pago a proveedores, mucho me temo que el pago al usuario acabará empantanado en turbias aguas burocráticas.

El torpe eufemismo versallesco del lenguaje político ha dejado de hacer mella en el ciudadano.

Rajoy sólo salva a las pensiones de los recortes

Pues sí, señor Rajoy, por mucha expresión de alelado que traslade en sus apariciones ante los medios de comunicación, y puedo asegurarle que la traslada a porrillo,  lo cierto es que usted ha bajado las pensiones y lo ha hecho con todas las de la ley, ésa que usted patrocina.

La media mensual de recetas de un pensionista rondará, pongamos por caso, las 8. Para un pensionista, que perciba 600 euros mensuales de pensión, el gasto farmacéutico se eleva a 12 euros. Los 4 de exceso los cobrará, el año que viene, si Dios quiere, como decía la antigua revista humorística Hermano Lobo Quedémonos con los 8 que no recobrará. Si la regla de tres no miente, ese pensionista ha visto reducida su pensión en un 1’33%. Además, estos cálculos tienen otra particularidad, penalizan la enfermedad, la fragilidad y la vulnerabilidad, constituyendo un ataque directo a los más desprotegidos. Porque va a ser, señor Rajoy, que lo que usted llama con desfachatez unos pocos euros, suponen la provisión de leche y pan de ese pensionista para 2 semanas, ¿se entera? Para 2 semanas. Tendría que vérselas, usted, en ésas, en lugar de balbucear estupideces ante los micrófonos con la más absoluta torpeza.

Ha necesitado pocos días para demostrar su calado moral y político. Sus compañeros de travesía en el crucero particular no le van a la zaga, no crea.

De Guindos y el enemigo de la Sanidad Pública

Ya entiendo que los 7000 millones recortados en sanidad,

El Gobierno cifra en 7.267 millones el ahorro por el recorte en sanidad

se parezca, extrañamente, a la cifra de dinero público destinado a la Iglesia.

Más de 6.000 millones de euros para financiar la Iglesia católica

Los privilegios de la Iglesia se salvan de los recortes

 Como faltarán profesionales sanitarios, se suprimirán prestaciones y se condenará a pagar por las migajas existentes, necesitará usted a la Iglesia para que apaciente a sus corderos, dé la extremaunción a los enfermos que no puedan permitirse el lujo de pagar su tratamiento médico y anatematice a los disconformes, que ya empiezan a ser legión. Usted, a lo suyo, con prisa y también sin pausa.

Lo que desde el aparato propagandístico de su partido ha sido definido como “ajustes”, que no recortes, suponen un ataque  descarado contra una serie derechos, que los ciudadanos habían conquistado después de muchos esfuerzos y que usted y los suyos han suprimido de un plumazo, lanzando globos sonda continuos, mintiendo para empobrecer a la población y privarla de los logros sociales, alcanzados en los últimos cuarenta años.

Salir en la tele, diciendo cosas con cara de no haber roto un plato, dejó de ser hace tiempo sinónimo de credibilidad.

Como la expectativa de vida ha subido, dice la señora ministra, la incidencia de las enfermedades crónicas ha aumentado y con ello el esfuerzo económico  y las prestaciones sanitarias para atender la mayor demanda, provocada por la situación. Por eso quien esté más enfermo, más habrá de pagar. Eso es lo que la señora ministra entiende por una reforma sanitaria equitativa y justa. Quien la hace, la paga, ¿no?

Quienes perciban una pensión no contributiva o sean parados sin derecho a prestación estarán exentos de abonar la nueva tasa farmacéutica. La señora ministra lo anuncia con una sonrisa de alivio. ¡Qué buena es!

La penalización de la enfermedad no es para tomársela a broma, sin embargo, apelaré al humor negro, al decir que no he podido evitar acordarme de un sketch genial de Les Luthiers, que viene muy al pelo.

En desagravio ala extraordinario grupo por la utilización del corte, los que no conozcáis este sketch completo, podéis disfrutar de él.

Aquí la primera parte:

Y aquí, la segunda:

Volviendo a la cruda realidad, no es de recibo parirse una ley de amnistía fiscal. que favorece a defraudadores y responsables de la crisis, mientras se grava a los ciudadanos con aumentos de impuestos, limitación de prestaciones e imposición de nuevas tasas.

Hace poco, me recordaron en este mismo blog el principio de Hanlon:  “Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”. 

Me parece que Hanlon era un ingenuo. Creo que no tuvo en cuenta la variable para poder resolver la ecuación con éxito: La estupidez malvada.

Por mi parte, voy a plantearme aceptar la invitación de Moustaki, a pesar de que aún falte hacer mucho camino para ir a ver una estrella nueva.