El presidente está triste, ¿qué tendrá el presidente?

Los gruñidos se escapan de entre sus dientes,

que han perdido la risa, que han perdido el color.

El presidente está pálido en su silla de oro,

no hay contenido en su discurso sonoro

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

¡Pobrecito presidente de los ojos azules!

Está preso en sus oros, está preso en sus tules,

en la jaula de mármol del palacio real,

el palacio soberbio que vigilan los guardas,

que custodian cien negros con sus cien alabardas,

un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

Espero que Rubén Darío no se revuelva en su tumba y se me aparezca por las noches para castigarme por la utilización de sus versos, pero es que es verdad, ¡qué pinta de desmejorado tiene el pobre! A lo mejor, es porque ha leído la carta con las cuentas del Gran Capitán que anda trepando por la red y que más de uno hemos recibido. ¿No? Bueno, eso tiene arreglo, aquí estamos para darle un gusto.

Carta al señor Rajoy

¡Qué ingenuo soy! No le hace falta leerla. Se sabe los números al dedillo y si no, ahí tiene a su fiel Soraya para que repita, como el muñeco de un ventrílocuo, lo de la herencia, una herencia de miedo.

Lo malo, es que la cosa no tiene gracia y nuestro valiente caballero, defensor contra el proceloso italiano y fustigador de napoleoncillos avinagrados, toma las de Villadiego, cuando las cosas se ponen tiesas, como ha tenido siempre por costumbre, hilillos del Prestige incluidos.

Rajoy huye para no explicar los recortes en Sanidad

Pues, en ésas estamos, en las mismas que pintaban, cuando hace un porrón de años, a Patxi Andión se le ocurrió esta canción.

Si es que, aveces, el tiempo pasa para ná.

Trece años después, a Serrat se le ocurrió una cosa parecida.

Claro, que si creemos que el paso del tiempo ha podido ser provechoso para el desarrollo de la humanidad, sólo tenemos que leer con detenimiento los pensamientos del Cardenal Mazarino:

Diálogo entre Colbert y Mazarino

Cuatro siglos después, seguimos con los mismos perros con distintos collares.