Esa propuesta escueta, sólo puede obtener esta respuesta por mi parte.

Me gustaría hacer referencia a un artículo de Carlos Afonso Mellado y 57 firmas más, en el que se pone al descubierto que la Reforma Laboral orienta sus medidas hacia:

*.- Facilitar y abaratar el despido al eliminar la autorización administrativa previa en los expedientes de regulación de empleo.

*.- Reducir la indemnización en caso de despido improcedente y ampliar sus causas.

*.- Reducir la tutela judicial en el despido objetivo.

*.- Precarizar más el empleo con nuevas modalidades de contratación que incorporan incluso el despido libre y gratuito.

*.- Favorecer la contratación de los que reciben prestaciones por desempleo frente a los que no tienen experiencia laboral.

*.- Posibilitar un empeoramiento de las condiciones laborales de los ocupados al permitir a los empresarios que no apliquen el convenio colectivo.

 Consecuentemente, esta Reforma Laboral:

*.- No crea empleo decente. 

*.- Busca más bien la sustitución de unos contratos con ciertos derechos de protección por nuevos contratos precarios. 

*.- Empeora las condiciones laborales e incrementa la inseguridad y la desprotección de todos los trabajadores.

*.- Es dudoso que genere empleo porque las causas de nuestro elevado paro no se encuentran en el mercado laboral.

*.- Reducirá la capacidad adquisitiva de la mayoría de los ocupados  y, por tanto, provocará una contracción de la demanda interna.

Si estáis interesados en el artículo completo lo podéis encontrar en:

Una huelga general necesaria, equilibrada y justa

En cualquier caso, si no os apetece leer todo el texto,  podríamos extractar sus conclusiones en:

“…  reforzar el poder empresarial y recortar la participación sindical en la regulación colectiva de las condiciones de trabajo, debilitando la escasa democracia existente en las empresas.”

A la vista del análisis realizado, la conclusión final es:

“Sumarse, por tanto, a la huelga es la forma más clara de expresar el malestar social, apoyar la capacidad dinamizadora y representativa del movimiento sindical y conformar una ciudadanía más activa y crítica.”

La rotundidad del documento no hace más que me ratifique en mi idea: ¿Huelga de un día? ¿Es que, acaso, hemos perdido la cabeza? ¿Un día de huelga?. Tendrán que perdonarme las organizaciones sindicales, pero, desde mi punto de vista, se trata de un acto inútil, que dejará las cosas tal y como están y no conseguirá quitar ni una coma de esta infame Reforma Laboral.

¿A qué juego estamos jugando? ¿Se trata de dejar muy claro qué papel juega cada cuál? ¿Qué ocurrirá el 30 de marzo? Ocurrirá más de lo mismo, porque una huelga de un día no llegará a demostrar siquiera una supuesta unión entre los trabajadores.

A mí me parece indignante que pueda venderse una acción como ésta como el derecho al pataleo. No necesito a nadie para patalear. La unión no es para patalear es para conseguir objetivos. ¿Cuáles son los objetivos de esta huelga? ¿Demostrar qué?

¿Cómo es posible que ante una Reforma Laboral , intrínsecamente mala y que supondrá un retroceso en los derechos fundamentales de los trabajadores, sólo se presente la batalla de un fugaz día de huelga?

Desde mi punto de vista, a las huelgas les pasa como a los órdagos en el mus: Se quieren para ganarlas. Así que la única huelga que puedo entender es aquella que se plantea de forma indefinida y con la única condición de la retirada de la ley y su quema en plaza pública.

Ya sé que voces sensatas y conservadoras dentro de los convocantes de esta testimonial huelga se pueden alzar contra mí y echarme en cara que no pienso en las  condiciones de los trabajadores de escasos recursos económicos, sangrados por el yugo de las facturas y la hipoteca. A esas voces, sólo me cabe decirles que después de esta huelga (y me temo que a no mucho tardar), más de uno y de dos empresarios despedirá a diestro y siniestro a esos trabajadores que, entonces, difícilmente podrán hacer frente a sus gastos adquiridos. Claro que, a lo mejor, con un poco de suerte, una parte de esos trabajadores mantendrán su puesto de trabajo, a costa de convertirse en un esclavo precario, que sólo podrá hacer frente al pago de la mitad de su hipoteca, al reducirle unilateralmente la empresa su jornada laboral y salario.

Este video, al igual que otros muchos recibidos estos días atrás, ilustra claramente el pelaje de algunos individuos y deja al descubierto sus mentiras y sus intenciones.

 

¿La respuesta que debemos dar es un día de huelga? A mí me parece que no. Creo que ya es hora de acabar con las acciones testimoniales. Eso suena a cuestación para el Domund… Y yo ya he dado.

Os dejo con una reflexión escrita hace unos días:

Hace mucho