Me ha venido a la memoria esta canción de Kansas del lejano 1977 y no me he resistido a poner aquí la versión oficial, muy remasterizada, por cierto.

Es muy probable que la gran mayoría de la gente que salió a la calle a manifestar su protesta el pasado día 25 no pensó que sólo somos polvo en el viento.


En el supuesto de que lo seamos, no estaría de más que nos convirtiésemos en motas molestas, impactando en los ojos de los insensibles y prepotentes que pretenden machacarnos, haciéndonos retroceder a los tiempos de la oligarquía, que ahora quieren ejercer con absoluta impunidad.

Los advenedizos políticos, elegidos con la tecnología digital del dedo índice, tienen la desfachatez de considerarnos enemigos a todos. Sólo ellos y su mayoría absoluta serán capaces de entrar en el Reino de los Cielos, espacio que procurarán parcelar y convertir en un reino de taifas, donde la corrupción plantará su bandera.

Nuestros dirigentes políticos nacionales y, especialmente, los autonómicos, recuerdan a las cochinillas de san Antón, esos bichos que, nada más olisquear el peligro se convierten en una bola para pasar desapercibidos. No lo han conseguido.

Quiero dejaros aquí este fotomontaje de la manifestación del sábado. Los doce minutos pretenden resumir una marcha que duró más de dos horas y que congregaría a unas cincuenta mil personas. Espero que el fondo musical, que hay que agradecer a Morricone y Theodorakis os lo amenice. Me he permitido poner un subtitulado en el minuto final porque me parece muy apropiado para el momento que estamos viviendo.

Como en anteriores ocasiones, Educación fue quien obtuvo mayor representación, agrupando a alumnos, profesores y padres, conscientes del ataque feroz que planean contra ellos y contra la sociedad. La pretensión de desculturizar a la población es el mayor de los objetivos de los integrantes de un régimen, que ha quedado retratado por su desprecio (que no esconde más que el miedo atávico de esos regímenes a todo lo que huela de lejos a cultura y que define muy a las claras cuáles son sus postulados).

Llama mucho la atención que la Sanidad no haya sido capaz de aglutinar a su alrededor a los usuarios. No se les ha conseguido hacer comprender que los primeros perjudicados con la lluvia de medidas, que se nos va a venir encima, van a ser ellos, que van a ver limitadas o dificultadas determinadas prestaciones. Su ceguera les impondrá la penitencia.

Tampoco nos vendría mal sacudir las conciencias dormidas de nuestros universitarios, más dispuestos a convertirse en hombres de provecho que en motores del cambio social, y recordarles que la tela de malla con la que pretender envolver a la sociedad será su futura prisión. Sólo dependerá de ellos el dejarse encerrar.

Que esta canción, que nunca podré oír sin evocar el cementerio de Sincairén, donde unos compañeros solidarios cantaron en el entierro de Penélope Valdivia, sirva de homenaje a ella y a todos los que llevan ese “Para siempre joven”, tatuado en el corazón.

¡Que nuestros deseos se hagan realidad!

Si pasamos por alto la contundencia de la llamada de atención, contenida en esta sencilla pancarta, estaremos iniciando una travesía del desierto, realizada en los tiempos de los cipayos, ésos, y que algunos de nosotros creíamos, de forma ingenua, sepultada en el olvido y en las batallitas del abuelo Cebolleta.

La mejor de las respuestas posibles es la unión y la concentración de fuerzas. No es momento de titubear. Las ideas y los objetivos deben estar claros.

Los tiempos del “contubernio judeomasónico” quieren ser desempolvados por los profetas del nuevo orden. El lenguaje ampuloso, grandilocuente y microcéfalo de antaño ha renacido de sus cenizas y nos insulta, acomodado en sus atalayas protegidas, desde donde los coronados santones se pueden dedicar a sacarse las pelusas del ombligo, mientras sus voces chillonas e inflamadas de ardor patrio pretenden resucitar el espíritu imperial, a través de burdas y malintencionadas diatribas “federísticas” o  con disonantes maullidos de gato, precipitado al agua de piscinas de privilegio.

Lo malo es que los “enanos infiltrados”  de ahora no tienen nada que ver con los de antes Han cambiado de circo y de pelaje. Su “adhesión inquebrantable” resulta patética y su pleitesía y sumisión a las “potencias extranjeras”, lejos de tener las connotaciones de antaño, pretenden sentar las bases de la reconquista del vetusto título de “reserva espiritual” de Europa y  recuperar el puesto de “novena potencia industrial del mundo”, que perdimos tras la desaprición de la dictadura franquista, ésa misma, cuyos crímenes se nos quieren seguir silenciando y ocultando por algunos.

Ciertamente, le conviene vigilar, señora Merkel. No se fíe ni del napoleoncito de guiñol (no sea que le vayan a quedar sólo tres telediarios) ni del recaudador de impuestos mediterráneo, que ha necesitado tres elecciones y una crisis orquestada por los mercados para poder hincarle el diente al poder antes de morirse.

¡Vigile!

Puede encontrarse, usted, con cosas como ésta:

¡Que nuestros deseos se hagan realidad!