Evidentemente, los señores a los que me refiero son los gobernantes del Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Se mire por donde se mire, resulta incomprensible que sigan ostentando sus cargos por diferentes motivos, pero, fundamentalmente, por una cuestión de sentido común.

Me gustaría puntualizar en primer lugar que, a la vista de las cifras escandalosas de despilfarro, publicadas en múltiples medios de comunicación con pelos y señales, se deduce que el comportamiento en gestión de los responsables de gobierno se instala en la irresponsabilidad.

Ya he comentado en alguna otra ocasión que el votante valenciano tiene razones más que suficientes para sentirse defraudado y más ahora que  le han sido descubiertos  escándalos y cifras que han sido maquillados, ocultados o tergiversados con el fin de que el ciudadano no tuviese constancia  del agujero negro, al que nos había precipitado la mala gestión. Por lo tanto, dejémonos de monsergas, el Partido Poular mintió con todas las letras durante la campaña electoral, al no presentar las cuentas claras a los votantes. Y eso no admite discusión. En ningún momento se informó de la situación y ,ahora, cuando se ha hecho, se ha tenido la desfachatez de culpar al ciudadano de los males sobrevenidos. No hay más que recordar las bochornosas declaraciones del Presidente de la Comunidad que nos acusaba de vivir por encima de nuestras posibilidades. ¡Hay que tener… narices!

Fabra afirma que ahora somos consecuentes de vivir por encima de nuestras posibilidades 

 Es de suponer que el aparato propagandístico de la Generalitat Valenciana va a intentar continuar desviando la atención, responsabilizando a otros o culpabilizando al ciudadano, al que, de paso, se le amenaza con quitarle todo aquello que tenga que ver con el estado del bienestar, porque se ha comportado como un  derrochador.

El gobierno de la Generalitat, por supuesto, no ha derrochado. Se ha comportado con ejemplaridad, y no con cicatería, con la Educación y la Sanidad. Por eso estamos en el furgón de cola de España, como hemos podido constatar en las numerosa publicaciones que se han dedicado a desvelarlo en los últimos tiempos. Esa posición ha sido cuidadosamente elegida por nuestros insignes gobernantes como una forma de ahorro para poder hacer frente a los dispensios necesarios, como por ejemplo:  Circuito de Fórmula 1, Terra Mítica, La ciudad de La Luz, La ciudad de las Artes y de las Ciencias, etcétera y etcétera, para acabar con la traca final del Aeropuerto de Castellón, el primero en el mundo mundial en no haber sido construido para ser utilizado por  aviones, sino para convertirse en solaz esparcimiento de los castellonenses que, pongo por caso, pueden ir allí a comerse la mona.

Por eso, cuando el Presidente de la Generalitat afirma no arrepentirse de nada, a uno se le caen los palos del sombrajo.

Fabra dice no arrepentirse “de nada” de lo que se ha hecho para que la Comunitat fuese un referente

¿Por qué proporciona esos titulares a la prensa? Porque está instalado en la impunidad y la prepotencia. No tiene que rendir cuentas a nadie. Si se ha dilapidado el dinero público, no pasa nada, ahora puede dirigir su punto de mira hacia los bolsillos de los ciudadanos y así poder hacer que pasen de ser pobres a ser pobres de solemnidad, según el glorioso catálogo de la Enciclopedia Alvárez .

Cuando una cadena de TV produce un programa como Resacón en Levante para la Sexta Columna, se supone que habrá constatado los datos y no querrá arriesgarse a meter la pata. El programa produce sonrojo, pero en los ciudadanos, los políticos responsables del  escarnio se quedan tan panchos, porque como decía mi madre: “La vergüenza era verde y se la comió un burro”.

Aquel que no lo haya visto, debería dedicar tres cuartos de hora a informarse y, seguramente, a indignarse.

Recopilando toda esta serie de informaciones podemos concluir que ha existido malversación de caudales públicos, mala gestión y se ha mentido al ciudadano de forma flagrante e intencionada. ¿Por qué si a los responsables de los desmanes bancarios en la Comunidad (Lo de la CAM no tiene nombre…  ni apellido) se les ha destituido de sus cargos, pese al vergonzoso intento de blindaje por su parte, no se puede hacer lo mismo con todos aquellos responsables del descalabro económico de la Comunidad?

Se me ocurre que los ciudadanos deberíamos pedir su dimisión por flagrante incapacidad. Dado que la palabra vergüenza, esto es evidente, no tiene un sinónimo aplicable en política, deberíamos apelar al sentido común y exigirle a toda esa pandilla de inútiles que abandonasen sus tareas de gobierno. No pueden seguir ni un minuto más ocupando sus cargos y poniéndonos el pie en el cuello con la intención de que no nos levantemos jamás.

¿Son ciertas las cifras, que aparecen y aparecen por todos lados, sobre el proyecto irrealizado de Calatrava, las del coste de la embajada fantasmal de Julio Iglesias, los pagos realizados al infante consorte por labores inexistentes o la retribución al autor del adefesio de la estatua que corona el aeropuerto de Castellón? ¿Son ciertos los ruinosos dividendos producidos por darse un garbeo en un monoplaza? ¿No mienten quienes diseccionan la debacle económica de los grandes proyectos, leáse Terra Mítica, La Ciudad de la Luz o La Ciudad de las Artes y de las Ciencias, que abruma el peso de nuestra deuda?

¿Es cierto que la visita del Papa supuso otro agujero negro económico? No puedo remediar el recordar aquello de “¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?”.

El Presidente de la Generalitat no puede eludir su responsabilidad. Debe establecerse un debate público para que a la ciudadanía le queden claras las respuestas a esas interrogantes. El poder no es una cuestión de mayorías, es una cesión que el pueblo hace a sus gobernantes para que lo administren, no para que abusen de él. Como es natural, la confianza es fundamental en esta comunicación bidireccional y, como parece comprobado, al pueblo valenciano no le merecen confianza sus actuales dirigentes.

La situación invita, pues, a una dimisión honrosa, que, en caso de no producirse (ya sabemos la alergia que a la clase política le produce nombrar a la bicha), debe desencadenar la más que justificada protesta ciudadana, que concluya exigiendo la dimisión a todo el equipo de gobierno.

Si ni siquiera somos capaces de eso, es mucho más que probable que a algunos de nosotros se nos quede ese regusto amargo que nos deja esta maravillosa canción de Moustaki, que me he permitido subtitular.

No se trata de convertir el agua en vino, se trata de impedir que, aunque haya muchos burros pastando, nadie se coma la verguënza, por muy verde que sea.

Qué volen aquesta gent?

Quiero hacerme eco de una iniciativa, invitando a entrar en la siguiente página:

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