Ése es el título en castellano de una extraordinaria película de Tavernier, director por el que siento una especial debilidad, cuyo protagonista es, precisamente, un profesor (Aprovecho para recomendárosla).

He titulado esta reflexión así, porque tengo fe en la transformación iniciada. Hoy empieza todo. Y lo digo en clara referencia a la multitudinaria manifestación de La Educación en contra de los incalificables e injustificados recortes en ese terreno. Hoy debe empezar todo y no debemos consentir que las voces que se han levantado sean apagadas por el desencanto o por la angustia.

Dos horas después de iniciada la manifestación, todavía seguía bajando una riada de gente por la calle General Marvá, una gente que quería hacerse oír y que, a buen seguro, lo ha hecho.

Había pancartas imaginativas, rotundas, ocurrentes y algunas que no querían ocultar la indignación.

La intención de los políticos atrincherados en el bunker de la Generalitat está muy clara, por mucho que pretendan disimularla: Quieren acabar con la Enseñanza Pública, desprestigiándola, condenando a los alumnos a la más absoluta de las miserias culturales y machacando a los profesionales, con la zafia pretensión de presentarlos ante la opinión pública como absentistas y malos profesionales.

Y los ciudadano no debemos consentirlo ni un minuto más. No podemos tolerar que nos sigan mintiendo como bellacos ni que continúen manipulando cifras y deshonrando la verdad, con la única pretensión de perpetuarse en el poder.

Y aún hay una intención más cicatera en sus pretensiones: Demostrar que la Enseñanza Privada es lo mejor que un padre puede desear para su hijo. No pararán hasta que consigan grabar a fuego ese mensaje en las conciencias y en las mentes de los pobres de espíritu.

Quieren hacernos creer que lo mejor es que nos convirtamos en yankis y que ahorremos desde el día de la inscripción de nuestros hijos en el Registro Civil para poder llevarlos a Colegios de élite y que engordemos los beneficios de los bancos, abriendo una libreta (como las abuelas o las madrinas de la época en que se hacía la mili con lanza) con el fin de que puedan lograr plaza en una buena Universidad, privada, claro está, y así convertirse en hombres de provecho o mujeres de la Sección Femenina.

Si nos dejamos pisotear por estos fariseos, tendremos, ni más ni menos, lo que nos merecemos. Seremos cómplices de la transformación de nuestro mundo en un agujero negro dominado por el instinto calvinista de “tanto tienes, tanto vales”.

Tengo que reconocer que me ha emocionado ver a una gran cantidad de gente joven, comprometida con la Enseñanza Pública y que me ha hecho comprender que hay un rayo de esperanza. El eslogan que coreaban: “Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?” es la reivindicación pura de la contestación. Y no debe quedarse sólo en eso.

Yo viví en mi infancia y en mi adolescencia la infamia de un Régimen que masacró la Enseñanza Pública, hasta el punto de relegarla a las alcantarillas, un Régimen que potenció los Colegios Privados (por supuesto, yo estudié en uno de ellos, pero, a pesar de eso, matriculé a mis hijos en la Enseñanza Pública, convencido de que era lo mejor, como así resultó). Aquel Régimen maniató las libertades y las mentes de nuestros padres, condenándolos al pluriempleo y a la miseria para que sus hijos estudiasen en colegios privados, como ahora quieren hacer nuestros caciques de la Generalitat. Aquellos que leáis esto y conservéis la memoria no tendréis dificultad en recordar que hubo un tiempo en el que de forma despectiva se insultaba diciendo: “¿Tú es que no has estudiado en un colegio de pago?”. Los Colegios Nacionales de entonces eran vilipendiados y ninguneados, de la misma forma que ahora pretenden hacer el conseller de Educación y el presidente de la Generalitat con Colegios Públicos e Institutos. No se lo consintamos. No dejemos que la mecha, que hoy  ha prendido, deje sin estallar la fuerza y la verdad de nuestros pensamientos. Acabemos, de una vez por todas, con la ignominia y el yugo con el pretenden cercenar nuestra libertad. No nos merecemos estos dirigentes, nos merecemos algo mucho mejor y no debemos parar hasta conseguirlo.

Yo sé lo que sufrieron nuestros padres para intentar convertirnos en “hombres de provecho”, sacando peseta a peseta el diezmo que exigían los colegios religiosos de entonces, cuánto tragaron para que tuviéramos las oportunidades que ellos no pudieron disfrutar. Se me enciende la sangre pensando  que seamos capaces de tirar a la basura el esfuerzo realizado para conseguir un mundo mejor, una sociedad más igualitaria y la libertad, que unos pocos piensan que sólo es de su propiedad. No tenemos amos. Nosotros somos nuestros propios dueños.Creo que se debe acabar el tiempo de las contemplaciones. Hemos estado demasiado tiempo callados, esperando el advenimiento. No hay mesías que valga. El Mesías somos nosotros.

Los recortes nos afectan a todos, especialmente porque la intención es recortar el bienestar que hemos intentado construir con nuestro esfuerzo. No podemos tolerarlo. Como decía una de esas canciones inflamadas de reivindicación social: “Nos va la vida en ello”.

Quiero concluir esta reflexión, rindiendo homenaje a unos de los mayores genios del humor, que se las tuvo tiesas con el anterior Régimen, no muy dado a tolerar el ingenio. No dejemos que esta parodia se acabe convirtiendo en una amarga realidad.

Confío en que mi esperanza sea cierta y no una mera utopía: ¡HOY EMPIEZA TODO!