Me gustaría agradeceros el esfuerzo que habéis hecho a lo largo de estos meses para dedicar unos instantes a la lectura y al seguimiento de este blog. Sé que en el mundo actual la excusa de la falta de tiempo es la más utilizada para justificar nuestras ausencias en cualquiera de los ámbitos en los que nos desenvolvemos. En realidad, más que falta de tiempo, lo que suele asaltarnos es la desidia, la pereza o, en algunos casos, el aburrimiento, pero como no queremos quedar mal, disfrazamos nuestras expresiones con eufemismos.

Mi agradecimiento es doble para aquellos que habéis leído Crónicas de Sincairén y, aún mucho más, para los que habéis contribuido con vuestro pequeño grano de arena a la difusión de la novela, convertidos en miembros de pleno derecho del cuerpo diplomático de Sincairén y en sus mejores embajadores. Gracias de todo corazón.

 

La verdad es que cuando publicas una novela sabes que un grupo de gente, más o menos cercano a ti, la comprará por puro compromiso o por cariño, pero que jamás la leerá. A los que os encontréis en esa tesitura, os animo a que coloquéis entre vuestros buenos propósitos del nuevo año un viaje a Sincairén. Seguro que no os arrepentiréis.

Por mi parte, el año que viene seguiré intentando que Sincairén se abra un pequeño hueco en el mayor número de memorias posible y continuaré en contacto con vosotros a través de este blog.

Brindemos por los tiempos mejores.