Hace ya un buen puñado de años, mi hijo me pidió que le grabara un CD de cantautores de “antes”. Entre la selección, elegí tres temas del Doble LP de vinilo “Tú y yo y los demás” de José Antonio Labordeta. Yo nunca había sido un fan incondicional del cantante aragonés, pero había disfrutado con algunas de sus joyas y siempre había respetado su trabajo.

Uno de esos temas, rescatado de mi memoria, Mar de amor, se convirtió en una pieza fundamental de la banda sonora de los viajes familiares en coche, marcando el momento de regreso en la entrada a Alicante.

Los viajes familiares se hicieron menos frecuentes y con ellos las canciones de Labordeta. Probablemente, hacía ya algunos años que no había vuelto a escuchar un tema suyo, ni siquiera con motivo de su muerte (o quizás por eso). Ayer volvimos a escucharlo, otra vez en coche, otra vez en un viaje familiar. Mi hija había comprado el triple CD y DVD: “Labordeta. Con el puño cerrado con dignidad”. De regreso a Alicante, la voz y el ingenio de Labordeta nos acompañaron otra vez

Mientras escuchaba sus canciones, no podía dejar de pensar en la grandeza de un hombre que, como comentaba mi hijo, había tenido una vida muy completa: había dado clases, había escrito y cantado, había conducido un programa de televisión y había sido político.

  

En vísperas del debate televisivo, que va a enfrentar a los dos candidatos con más posibilidades de ser Presidente de Gobierno, la figura política de Labordeta cobra mayor dimensión para mí y prefiero su Albada

                           Arriba los compañeros,

                           que ya ha llegado la hora

                         de tener en nuestras manos

                        lo que nos quitan de fuera.

al teledirigido espectáculo vacío y lleno de tópicos, sin vencedor ni vencido, que no servirá ni para fu ni para fa.

La integridad de Labordeta le hizo caminar por la política sin tener que recurrir a trucos de prestidigitador ni a ejercicios de funámbulo para mantener el equilibrio. Le sobraba con la solidez de sus principios.

Su trayectoria, como titulan en el homenaje, con el puño cerrado con dignidad, ha sido una lección de honestidad, como sólo podía corresponder a un hombre íntegro.

Lástima que su ejemplo no cunda, especialmente en el terreno político, pero, por suerte, su voz será siempre eterna y sus canciones permanecerán para recordarnos sus valores.

                               Recuérdame

                            como un árbol batido

                           como un pájaro herido

                          como un hombre sin más.

Yo te recuerdo como un hombre… con más y le pido perdón a tu memoria por no haber plasmado este recuerdo antes.

                            Habrá un día en que todos,

                          al levantar la vista,

                         veremos una tierra

                        que ponga libertad.