Si l’avi Siset levantase la cabeza…

A finales del 68 o, tal vez, a primeros del 69,  escuché por primera vez las canciones de Lluís Llach, concretamente  este LP.

 

 

Fue en casa de mi gran amigo Pepe Cubí, por desgracia ya desaparecido, en la que se hablaba un catalán de idéntico pedigrí al del joven cantautor, puesto que procedían del mismo entorno gerundense, aunque se habían afincado en Alicante.

Defensor de las raíces, mi amigo mantenía viva la llama, comprando los discos de la nova cançó y el diario deportivo Dicen, que llegaba a Alicante con un día de retraso.

No tardé mucho en comprender el significado parabólico de L’estaca. Poco más tardaron en comprenderlo en toda España, convirtiéndola en un himno de libertad. No fueron sólo las gargantas catalanas quienes lo entonaron, sino las de muchos españoles, otorgándole la grandeza del objetivo común.

Tuve ocasión de comprobar que L’estaca se había convertido en un himno a la libertad, pero en un himno de todos, cuando asistí a un recital de Lluís Llach, en el Teatro Principal de Valencia, en 1973.  A la salida, una nutrida horda de grises aguardaba a las puertas del teatro. Por fortuna, no se produjo una temida carga, que hubiese quebrantado más de un hueso y hubiese llevado a otros cuantos al calabozo. Definitivamente, la estaca estaba muy carcomida.

 

 

Pese al mal viento que se lo llevó, l’avi Siset reposaba en paz con la satisfacción de saber que, primero, su nieto propagaba su canto y, por fin, que la estaca carcomida se había derrumbado, abriéndole las puertas a la libertad.

Esos nuevos aires trajeron consigo la Consitución, aprobada por el conjunto de los ciudadanos del Estado y una posterior autonomía para el pueblo catalán.

El paso del tiempo resulta implacable, sin embargo. El nieto de l’avi Siset ya no canta. Se metió a parlamentario. Ahora, sólo hace twiters o declaraciones institucionales.

 

 

 

“Los funcionarios que no cumplan la ley de transitoriedad serán sancionados”

 

El nieto de l’avi Siset no ha necesitado la guitarra. Ha cantado a capella la nueva versión de L’estaca. Ahora, se llama “La tranca”. El corresponsal de Libération lo ve así.

 

 

“Lluís Llach, de cantante amenazado a diputado amenazante”

 

El espíritu de l’avi Siset se ha quedado perplejo ante semejante transformación y ante los compañeros de viaje elegidos por su nieto para tronchar Cataluña en dos, a base de trancazos, chulerías, victimismos, amenazas y saltos con pértiga a la legitimidad y a la libertad.

En medio de ese tótum revolútum, uno de los aspirantes a la medalla de oro de los ciento cincuenta caracteres impone su ley, la del embudo, por ejemplo.

 

 

¿Callos? Los del señor Rufián llevan garbanzos. El señor Coscubiela, en cambio, tiene las ideas claras.

 

 

“La fama en Twitter dura menos que en Eurovisión, me la refanfinfla”

 

Otros compañeros de viaje, incluso el propio nieto de l’avi Siset, miraron hacia el lado equivocado, permitiendo  que la bagatela del tres por ciento se convirtiera en un tsunami para mayor deshonor y desvergüenza de la familia del nuevo rey Midas, al que casi convierten en presidente perpetuo de la Generaltat. El consenso fue unánime para que él y su estirpe camparan a sus anchas.

Al lado de la más rancia derecha, también se amontonan otros compañeros de viaje, que llevan la etiqueta de antisistema, pero que han permitido con su aquiescencia que la sanidad catalana esté entre las cuatro peores de España en 2016, con un porcentaje de concertación privada que alcanza el 25%.

 

Los Servicios Sanitarios de las CCAA. Informe 2016

 

Por eso y para disimular otras incongruencias, estos últimos viajeros incorporados distraen la atención con la utilización barriobajera y malintencionada del arte gráfico, sin otra finalidad que enturbiar la convivencia, señalando con el dedo de hacer daño.

 

 

Ya sé que pidieron disculpas, probablemente tras el lógico revuelo provocado. Me da igual que lo hicieran con la boca grande o con la pequeña. Para cuando lo hicieron, ya habían logrado más que de sobra sus intenciones. Los pasquines son la máxima expresión de la libertad y de la democracia, ¿verdad?

Como le tienen cogido el gusto a la cosa del cartel, se nos descuelgan con otro, que anuncia sus propósitos en un hipotético e improbable futuro venidero.

 

 

Ya sé que dicen que su república soñada es una república feminista y que la figura de la mujer barriendo lo simboliza, pero no deja de resultar chocante, porque admite una segunda lectura tan clara como alejada de sus pretensiones. Dada la ambigüedad y los bandazos que han dado hasta el momento, cualquier hipótesis podría resultar creíble.

No deja de resultar curioso que, entre los monigotes pasto de la escoba, se encuentren los dos anteriores presidentes de la Generalitat que, si no me equivoco, fueron elegidos por los catalanes sin la intervención de los insidiosos españoles.

 

 

Con una mano dan jabón y con la otra reparten estopa con la tranca, cuando la deja libre el nieto de lávi Siset. Palos de ciego, en medio de frases huecas y consignas ampulosas.

No quiero olvidarme de la diputada, que tenía la edad suficiente como para que la idea del respeto a la democracia estuviese bien sedimentada y arraigada. Sin embargo, de forma absolutista y totalitaria, intransigente y patética, retiró la bandera que no le gustaba del escaño del parlamento, porque le dio la real, perdón, la republicana gana.

 

 

También es una gran compañera de viaje.

Al nieto de l’avi Siset, como a otros compañeros de fatigas del circo que han montado, se les ha puesto cara de mártir, incluso han empezado a sentir una especie de sensación orgásmica en el bajo vientre, ante la perspectiva de un único instante de gloria o lo que sea.  Lo malo para todos ellos es que el espíritu de l’avi Siset no quiere descansar en paz, a costa de la utilización torticera de su sueño, que le están reventando a base de twiters rebosantes de basura.

El delirante espectáculo del parlamento catalán abochornaría a cualquiera que no estuviese cegado por la intolerancia. Si no fuera porque no tuvo gracia, yo diría que fue la sesión más marxiana que uno pudiese imaginar. A la presidenta, sólo le faltó pintarse un bigote, como Groucho Marx, y proclamar: Estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros.

 

 

Si l’avi Siset levantase la cabeza…

 

 

 

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Imagine

 

 

El silencio es la mejor de las condenas.

 

 

 

Más que primos lejanos

Por cosas de la rancia endogamia de las monarquías europeas de principios del sigloXX, éstos sí que eran primos.

 

 

Esa circunstancia, no obstante, no impidió que la liaran parda y se embarcaran en una contienda brutal, amparada por las ansias expansionistas de ambos imperios, en busca de la hegemonía en África y Asia.

Tras la derrota en la primera guerra mundial, el Kaiserreich (Imperio alemán) se fue a hacer puñetas con la abdicación de Guillermo II y la conversión de Alemania en una república.

Cuando veinticinco años después el Tercer Reich es vencido, tras una nueva guerra que buscó el reparto de todo el territorio mundial, el liberalismo democrático derrota al totalitarismo, ideología que vulnera los derechos humanos por definición. Pero, por una de esas bromas que tiene la genética política, resulta que, más de setenta años después, resucita el mensaje inflamado de totalitarismo en los discursos de los primos lejanos.

 

 

La señora May tiene los mismos pelos en la lengua que neuronas en el cerebro.

 

 

¡Y si no les gustan mis principios, tengo otros!

Lo malo es que los británicos, con neuronas o sin ellas, han confiado el gobierno a una señora que veladamente, o no tanto, se ha mostrado partidaria del terrorismo de Estado. ¿Será que el pueblo se ha cansado de escuchar a los políticos y vota al pito pito gorgorito? ¿Será que esas ideas son compartidas por la mayoría o, tal vez, será que la falta de cultura provoca inanición?

Si el pueblo británico se deja atrapar en esa telaraña y se olvida de la causa por la que dieron sus vidas millares de antepasados, puede que un día se despierte y alguien le haya cambiado su bandera.

 

 

Tal vez parezca una pesadilla, incluida en un relato de ciencia-ficción, pero en Francia, ha estado a puntito de pasar, y no es descartable que termine por ocurrir en un futuro no muy lejano.

 

 

¡Sacré Bleu! ¡My God! ¡La Santa Alianza! ¡Dios nos coja confesados!

Para alguien que creció recibiendo los insultos de los que se creían prepotentes en ambas naciones: “África empieza en los Pirineos”, resulta muy oportuno preguntar ahora: ¿Dónde termina Europa?

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…

No estamos a salvo.

La culpa es de JR

Si el Cha-cha-chá tuvo la culpa de que el Caligari se volviera un caradura por la más pura casualidad, JR Ewing la tuvo de sembrar la semilla de la corrupción entre los telespectadores.

 

Hasta la irrupción de este millonario sin escrúpulos de ficción, las series americanas televisivas, siempre habían tenido como protagonistas a médicos, abogados u otras profesiones honorables, cuya función en la pantalla no era otra que aumentar vocaciones universitarias en retroceso, despertando un puro modelo de imitación. La vuelta de tuerca que se produce con el imperio de JR, convierte en objeto de admiración  a un tipejo indeseable con un ansia desmedida por la ambición, el dinero, el poder, el enriquecimiento ilimitado y la corrupción.

En nuestros lares, caló tanto este nuevo modelo social implantado por Dallas, que faltó poco para que un burdo imitador del personaje, Mario Conde, se convirtiese en presidente de nuestro gobierno. La siembra de esos “nuevos valores” sufrió el espaldarazo definitivo con el encumbramiento social y periodístico de la beautiful people nacional, presentada en bandeja de plata por los mandamases socialistas del momento.

Los que decidían lo que se debía ver, admirar y pensar habían encontrado la gallina de los huevos de oro. Para que la vuelta de tuerca fuera perfecta, había que consolidar las admiraciones sobrevenidas. Hacía falta una antagonista femenina del pérfido JR, una indeseable como él, llamada a “normalizar” esas conductas ambiciosas y esos lujos soñados e inalcanzables para el gran público, especialmente el femenino. Dinastía lo logró con el personaje de Alexis no sé cuántos.

 

 

Fue tan grande el tirón del personaje y el de la propia serie, que la mismísima Barbie se vio afectada. La compañía Mattel rizó el rizo, creando unas muñecas inspiradas en la serie. El público infantil también se convirtió en objetivo.

 

Como no hay dos sin tres, Falcon Crest desembarcó también en España, obteniendo un éxito que no llegó a alcanzar en Estados Unidos. Aquí, las siembras anteriores habían dejado el terreno perfectamente abonado. Angela Channing, adornada por las mismas “virtudes” que sus predecesores, se convirtió en un paradigma más de la insidia y la ambición perniciosa. El círculo perfecto se había cerrado. Todas las teclas de la sociedad habían sido tocadas, desde la infantil hasta la de la tercera edad, que dejó de soñar con  los viajes del Imserso y empezó a hacerlo con amasar fortunas y viñedos.

 

 

El daño ya estaba hecho, y era irreparable. El telespectador español quedó atrapado en las redes del pensamiento global, orientado al triunfo de la corrupción y a su establecimiento inevitable en la sociedad. Los defensores del nuevo orden proliferaron como setas y se convirtieron en legión.

Esa normalización de la falta de escrúpulos y del todo vale para lograr el triunfo, la riqueza y el poder, se quedó pegado a las plantas de los pies de una gran parte de la población, como si fuese chapapote. Algunos, incluso, acabaron rebozándose en él.

Los afectados por este síndrome han perdido la perspectiva social y la capacidad de análisis. La línea básica de su pensamiento es muy simple: Consideran la corrupción como, la cosa más natural del mundo,  la única forma de amasar y atesorar riquezas, el único camino a seguir, aquel que no dudarían en tomar, en caso de tener la menor oportunidad, abrazando la misma religión de los bandoleros que han sembrado la vergüenza en nuestra sociedad y han esquilmado las arcas públicas, amparados por esos millones de votos manchados de alquitrán.

 

La mimetización está servida, la conjugación continua del verbo corromper también; la disculpa de los hechos, mucho más.  ¿Cuántas veces alguno de los que sostienen la trama con su apoyo en las urnas os ha preguntado si no habríais incumplido la ley para ayudar a familiares y amigos, en caso de haber ostentado el poder? ¿Cuántas, si no os habrías aprovechado de la situación? ¿Cuántas, si no os habríais enriquecido igual y de la misma forma? ¿En cuántas ocasiones se han reído delante de vuestras narices, diciendo: “Si no lo hubierais hecho vosotros, otros lo habrían hecho”?

Uno más uno, dos. La corrupción tiene el voto asegurado. La culpa es de JR.

 

 

El Ring se ha quedado vacío

 

Hace un rato que su hija me ha llamado por teléfono. Mi amigo, Vicente Leal, ha fallecido. Su espíritu permanecerá flotando entre las paredes de la sala El Ring, pero el escenario se ha quedado vacío. Su ausencia es demasiado importante.

 

 

No por esperada, la noticia deja de ser dolorosa para mí. He perdido al mejor compañero que pude tener para emprender cualquier proyecto artístico o informático, alguien dispuesto a ilusionarse y trabajar con entrega, puliendo y tratando de perfeccionar los detalles. Pero, sobre todo, he perdido a un gran amigo.

 

 

 

Por mucho que quiera envolver mi dolor con palabras, no quiero disimularlo. Está donde debe estar: ahí adentro, tan solitario como el patio de butacas y el escenario apagado, tanto como El Ring vacío.

 

 

 

 

El día de la marmota: ¡Mariano, sé fuerte!

Mi silencio prolongado en este blog se ha debido al bucle mental en el que las situaciones continuas y repetitivas del panorama sociopolítico han sumido a mis pensamientos. Cierta sensación de fatalismo ha minado el camino,  produciéndome una especie de bloqueo catatónico, alimentado por la desesperanza. Las denuncias de la corrupción y la sinvergonzonería, incluida mi modesta opinión a lo largo de varios años, parecen haber caído en saco rato, sin calar en la conciencia general, como, por otra parte, parecía bastante lógico.

 

Hace casi cuarenta y cinco años, codirigí el cine club de un colegio mayor universitario en Valencia. Recuerdo que la proyección de la película Gertrud (Dreyer, 1964) desencadenó una ola de protestas entre los alumnos, reivindicando un cine más digerible, más amable, con más acción, más lobotómico y que no hiciera pensar. Este último aspecto fue el leimotiv de la protesta: No pensar. Si una teórica élite cultural universitaria se comportaba de esa manera, ¿a qué tipo de futuro podíamos vernos abocados? Malos tiempos para la cultura, que producía, prácticamente, el mismo sarpullido cerebral que en la actualidad.

Conviene recordar que la película Sillas de montar calientes (Mel Brooks, 1974) fue la más taquillera en el momento álgido de aquella protesta en el colegio mayor.

 

 

Este blog comenzó su andadura a finales de septiembre del 2010. Produce cierto vértigo volver la vista atrás y releer algunas de las cosas que en él he publicado, sobre todo, porque muchas siguen teniendo una rabiosa vigencia. La situación política actual me deja la profunda sensación de haber vivido el día de la marmota de una manera cíclica y de seguir atrapado en el mismo bucle.

 

El desfile de corruptos y de desahogados que se ha producido en estas páginas no ha cesado, es más, ha incrementado su parafernalia con un caudal inagotable. En estos siete años, hemos asistido al triunfo del Partido Popular en tres elecciones generales. Los votantes españoles, en un puro ejercicio irreflexivo, desde mi punto de vista, otorgaron su confianza a un personaje que no la merecía en absoluto, ya que era el máximo responsable de los desmanes de un equipo que había sembrado la corrupción en todos los rincones del país, había chapoteado en ella y la había convertido en el deporte nacional con mayor número de practicantes. Semejante hecho surrealista resulta propio de la más espeluznante representación del teatro del absurdo.

La retahila de casos, frentes y procesos judiciales abiertos contra cargos  y allegados del PP, en estos últimos años, conforma una lista tan bochornosa, que el sonrojo no es suficiente. Ha habido gente de la mayor confianza de los jerifaltes del PP que han robado a manos llenas, mientras esos dirigentes, como poco, miraban hacia otro lado, permitiendo los desmanes de sus amiguetes, probablemente porque favorecían el llenado de las arcas del partido, no en una trama de financiación ilegal, sino en multitud de ellas. El torpedeo constante a las investigaciones, los nombramientos sectarios en determinados cargos de la justicia y los comportamientos cortijeros de los ministerios de Interior y de Justicia darían para llenar las páginas de una enciclopedia.

 

 

Esto sólo es una pequeña muestra. Hay mucha más basura escondida, mucha más. La única forma de que salga a la luz es poniéndole las peras al cuarto al ministro de Justicia (¡Menudo elemento!), recordándole entre todos a quién ha de servir, que no es precisamente a quien está sirviendo. Eso es lo que debía hacer un presidente como Dios manda, pero, ¿lo es Rajoy?

 

 

Parece que a los ciudadanos españoles se nos han olvidado muy pronto el tema de los sobresueldos, la liquidación de los discos duros de Bárcenas, los SMS, el pago de reformas con  dinero negro, los papeles de Panamá, Bankia, las tarjetas black, las fiestas con globos o con señoras de compañía y otras zarandajas, que pronto estallarán travestidas de financiación ilegal, pese a las zancadillas ministeriales e institucionales. A lo mejor, es que estamos todos atrapados en el día de la marmota.

La tercera dimisión de la lideresa parece un acto evangélico similar a las tres negaciones de Pedro a Jesucristo.

 

Llueve sobre mojado en el día de la marmota.

 

El PP recibió varias denuncias sobre González y no investigó nada

 

 

La tormenta perfecta ya está aquí : Gürtel – Lezo – Púnica

 

Escarbando cebollinos

 

Definitivamente, todos estamos atrapados en el día de la marmota, no es que sólo sea una sensación personal. El olor a podrido es tan insoportable e insostenible como lo era antaño. Pero el inefable Rajoy, incapaz de dar la cara porque es incompatible con su ADN, pone tierra de por medio y se esconde allende los mares. A su regreso del periplo, le espera algo a lo que ningún otro presidente de la democracia española tuvo que enfrentarse antes, durante el ejercicio de su cargo: declarar como testigo.

 

El auto de la Sala que juzga Gürtel aclara que el presidente del Gobierno “debe comparecer ante el tribunal”

 

No te preocupes, Mariano. Hace un año, según el barómetro del GESOP, el 60% de los españoles te culpaba de la corrupción y mira lo bien que te ha ido desde entonces. A tu partido y a las manzanas podridas, les ha caído tanta mierda encima que se han convertido en un estercolero, pero parece que sabes manejarte entre la inmundicia como nadie, mejor que un escarabajo pelotero. Mientras sigamos deshojando el día de la marmota, tú tranquilo. Sé fuerte o, simplemente, haz lo mismo que has hecho hasta el momento, poner esa expresión de bobo que tan bien te sale con ese inconfundible e incontrolable tic en tu ojo. Aunque, no te fíes. Si cambia el viento, lo mismo se esfuma el día de la marmota y te quedas con el culo al aire. ¿Crees que no? No te fíes. Vigila y sé fuerte, que si no, nadie querrá ser tu amigo y siempre habrá una lideresa que te niegue tres veces. Cuidadín.

 

 

Aprovéchate de la ignorancia y la incultura, de la sumisión y la cobardía, del desastre general. Eso, te sale de fábula. Cuéntale a los jueces la milonga que se te ocurra. Mariano, sé fuerte, porque, a los terneros, les pueden salir alas y entonces…

 

 

 

 

 

Aguirre trumpera, trumpetera y trumposa

aguirre

 

Era lógico que a Esperanza Aguirre se le calentara el desorden de sus neuronas populeras populistas y populacheras, y que las palabras atropelladas se le subiesen a la laringe como una especie de reflujo con el que, encima, ha pretendido dar lecciones de cultura.

Si Manuela Carmena le pegaba un varapalo al presidente titiritero de USA, vulnerador de los derechos humanos, que ha adoptado medidas que la propia ONU tilda de ilegales, ella no iba a apoyar esa declaración, como hicieron la representante socialista y la de ciudadanos, a las que determinado medio ensalzador del estrafalario savoir faire de la lenguaraz Aguirre ha tildado de palmeras de la alcaldesa, demostrando una “exquisita” falta de respeto y torcidas intenciones.

 

Aguirre denuncia la ‘hipocresía’ anti-Trump de Carmena

 

Se ve que para el medio en cuestión, la defensa de los derechos humanos es una cuestión baladí de rumberos o palmeros, como también lo es, sin duda, para la lideresa de la oposición municipal madrileña, la trumpera Esperanza Aguirre.

A doña Espe, le mola Trump. No es que lo diga yo, lo dice ella:

Respecto a su opinión sobre Trump, Esperanza Aguirre ha asegurado que ella es de “esperar y ver”, y ha reconocido que le gustó el discurso que pronunció tras ganar las elecciones, pero no así el que dio en su toma de posesión.

Ha asegurado que con el nuevo presidente, “hay cosas que van a mejorar”. “Parece que van a bajar el impuesto de sociedades, que hará un plan de infraestructuras enorme, y así podrán hacerse un hueco a las empresas españolas, que son las mejores”.

También se ha mostrado favorable al Gobierno nombrado por Donald Trump. “Demuestra humildad nombrar a gente mejor que tú, y es gente de primerísima para que se ocupe de sus asuntos”.

No le gusta el “odio al comercio internacional” que demuestra Trump, ni la “creencia” de que ello “no trae prosperidad, sino que quita el empleo”.

Podemos encontrar dichas referencias en el siguiente artículo:

 

Esperanza Aguirre: “Trump es machista, pero no tanto como Pablo Iglesias”

 

Otros medios también se hacen eco de la defensa de la dama de hierro capitalina al magnate que maneja la Casa Blanca como si fuese el retrete de una de sus empresas, twit va, twit viene.

 

Esperanza Aguirre, primera defensora de Donald Trump

 

trumpera

 

 Que no hay duda, Esperanza Aguirre es trumpera.  Como también lo son, algunos compañeros de su partido, instalados en las poltronas ministeriales, que se permiten opinar que las quejas de líderes internacionales como Angela Merkel, François Holande o Justin Trudeau ante las nuevas políticas aislacionistas de Donald Trump son “gritos y estridencias” que el Gobierno de España ni comparte ni emulará. Como también lo es don Mariano, experto en tibiezas gallegas en mitad de la escalera, que nunca van a ningún sitio.

La crítica de Gabilondo a la actitud del Gobierno español con Trump: “Produce bochorno”

 

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Aguirre vocea, señala con el dedo y saca a pasear las trompetas para utilizar el bombo y platillo que le conceden los que como ella desearían que Podemos desapareciera de la faz de la tierra por leninista y no sé cuántas cosas más  y que también se volatilizase Manuela Carmena, no fuera a ser que su mensaje llegase a calar entre las gentes con dos dedos de frente, y el sentido común se propagase. Por lo tanto, se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que la sexagenaria, azote de los agentes de movilidad, es una trumpetera de órdago a la grande.

 

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Claro que lo peor es que, sobre todo, es una trumposa de tomo y lomo. Su espada flamígera para contradecir a Manuela Carmena resulta patética y malintencionada. “Que pretendamos dar lecciones desde Europa, donde han nacido los peores totalitarismos de la historia, el nazi y el comunista que tanto le gusta al señor (Carlos) Sánchez Mato -delegado de Economía y Hacienda de la capital-, me parece absoluta y totalmente rechazable y quiero rechazarlo con la máxima contundencia”.

La frase se las trae por el ejercicio de prestidigitación que encierra. Supongo que olvida a cosa hecha un totalitarismo mucho más conocido y sufrido por los españoles, como es el franquismo, responsable, entre otras muchas cosas, de que en las cunetas de nuestro país haya, a día de hoy, tantos desparecidos todavía, que sólo seamos superados por el infame régimen de los jemeres rojos de Camboya, situación, por cierto, que sus compañeros de partido se han encargado concienzudamente de no remediar. Además, si bien es cierto es que las estructuras yanquis son democráticas y que nos convendría imitarlas, en lugar de dedicarnos a trasplantar Halloween, black friday o bochornosas despedidas de soltera, también es cierto que las manos del país no están precisamente limpias y que los americanos tampoco están en condiciones de dar lecciones a nadie. Esperanza Aguirre, mucho menos.

 

El exterminio de los pieles rojas es una historia todavía no contada. Hollywood se ha encargado de manipularla

 

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¿Le parecerá poco semejante genocidio a la señora Aguirre? ¿Le parecerá poco expolio que los nativos americanos, sólo en el territorio de Estados Unidos, fueran despojados del 98% de sus tierras, masacrados  y condenados los escasos supervivientes a malvivir en reservas? ¿Sabrá ella algo de la barbarie de los treinta años de guerras indias? ¿Es ella la única adalid yanqui que pueda permitirse darnos lecciones? Francamente, me parece que no está capacitada. Para poder hacerlo, necesitaría poseer lo que no posee ni poseerá jamás.

Lamentablemente, es una trumposa que confunde el culo con las témporas con la peor mala intención. Sólo persigue un objetivo, echarle mierda encima a Manuela Carmena, a toda costa, sin importarle que ella tenga razón ni que los fiscales de dieciséis estados americanos, demócratas y republicanos, hayan emitido un comunicado conjunto en el que condenan la orden ejecutiva inconstitucional, anti-estadounidense e ilegal del presidente Trump, afirmando: “Trabajaremos juntos para garantizar que el Gobierno federal obedezca la Constitución, respete nuestra historia como nación de inmigrantes y no acose a nadie por su origen nacional o fe”.

Aguirre, la cólera de Trump, es trumpera, trumpetera y trumposa.

 

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La maestra Quiñones, que no sabía hablar y quería dar lecciones.